INTERNACIONALES

Con la tradicional filosofía de intentar matar las
ideas asesinando a sus líderes, seguida por los
colonialistas y los imperialistas, hace 25 años
fue ultimado uno de los más influyentes dirigentes
de las luchas emancipadoras africanas, quien todavía es recordado como...

AMILCAR, EL UNIFICADOR


ENRIQUE MONTERO LENZANO

EL NOMBRE de Amílcar Cabral formará siempre parte inseparable de la historia de las luchas por la independencia y la liberación no sólo de las naciones de Africa, sino también de las de Asia y América Latina. Otro patriota africano, Mario de Andrade, lo describió fielmente en una bella semblanza junto a otras personalidades del llamado continente negro: "Tres grandes figuras sobresalen indisputables: Kwame Nkrumah, el visionario; Patricio Lumumba, el mártir; Amílcar Cabral, el unificador".

Desde su nacimiento el 12 de septiembre de 1924 en Bafata, terruño de la entonces Guinea Portuguesa (hoy Bissau), el incansable combatiente venía marcado por la grandeza: cuando le puso el nombre, su padre, Juvenal Cabral quiso, al parecer, rendir homenaje al general de Cartago Amílcar Barca, padre del grandioso Aníbal y hermano del no menos histórico Asdrúbal, guerreros todos que tuvieron también que enfrentar al enemigo invasor.

Desde temprana edad, Amílcar Cabral comienza a manifestar en la isla de San Vicente, Cabo Verde, sus ideas y deseos independentistas, sus dotes de dirigente, su rapidez de decisión en situaciones complejas, que le permitieron destacarse en los años del liceo como líder nato, de indiscutible vocación panafricanista.

En 1956, después de muchos años de bregar por distintos países africanos y europeos, Cabral sostiene en Guinea Bissau un encuentro con sus compañeros más cercanos y nace de aquella reunión el Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), cuya divisa fue la de "Unidad y Lucha".

En este histórico encuentro participan con él los caboverdianos Arístides Pereira, Fernando Fortes y Julio Almeida y los guineanos Eliseo Turpin y Luis Cabral.

Se evidenciaba ya que su característica más sobresaliente, era su gran capacidad de unificador, no sólo respecto a las dos "provincias ultramarinas" como les llamaban los colonialistas portugueses a La Guinea y Cabo Verde, sino en cuanto a reunir en torno a la idea independentista a hombres provenientes de distintas etnias y creencias: balantas, fulas, mancaños, pepels, mandingas, manjacos y bijagos y conseguir que todos ellos se comunicaran en una lengua común: el creole.

Vendrían después los años de la lucha armada y, simultáneamente, Cabral (o Abel Dyassi como era conocido en el clandestinaje) no cesa de desplazarse de un país a otro ganando prestigio y apoyo de distintos países africanos y europeos, mientras en las zonas liberadas ejecuta e impulsa las medidas organizativas que propician la creación del nuevo estado independiente.

Su activo andar lo trae a La Habana en enero de 1966, donde participa en la Primera Conferencia de los Pueblos de Africa, Asia y América Latina, la histórica Tricontinental, en cuya sesión plenaria del 6 de enero pronuncia un memorable discurso antimperialista en el que afirma:

"La positiva solución en defensa de la Revolución depende de lo que Fidel Castro ha dejado sentado recientemente, llamando a la conciencia revolucionaria".

El combatiente africano finalizó entonces sus palabras expresando el deseo de "que cada movimiento revolucionario representado aquí, con las armas en las manos, sea capaz de repetir en su país, al unísono con su pueblo, el ya legendario grito del pueblo cubano de Patria o Muerte, Venceremos".

El Comandante en Jefe Fidel Castro se refirió, a su vez, durante la propia conferencia a los pueblos de Guinea y Cabo Verde y destacó que estos estaban "representados aquí por uno de los movimientos (el PAIGC) más serios de Africa y por uno de los dirigentes más claros y brillantes de ese continente, el compañero Amílcar Cabral, que nos ha hecho sentir una enorme confianza en el futuro y en el éxito de su lucha por la liberación".

Así era Amílcar Cabral. Y precisamente por tantas virtudes de todo tipo que enaltecían su personalidad y lo convertían en un verdadero escollo para sus enemigos fue que no cejaron los colonialistas, la tenebrosa Policía Internacional de Defensa del Estado (PIDE), y el terrorismo de estado con la complicidad de traidores locales, en sus afanes de tronchar la vida de aquel gigante del pensamiento y la acción liberadoras.

El 20 de enero de 1973 es asesinado en Conakry. Pero para los patriotas africanos y para los combatientes internacionalistas cubanos que le acompañamos en distintas etapas de aquella lucha, todos nosotros, Amílcar Cabral triunfó más allá de su muerte y sigue siendo símbolo para un continente y un mundo en el que, en términos de emancipación, todavía no se ha dicho la última palabra.

 


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