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Elecciones del domingo último
Los hechos mandan
NICANOR LEON COTAYO
LAS ELECCIONES que tuvieron lugar en Cuba el domingo último volvieron a mostrar una realidad que está muy alejada de la falsa situación que sobre nuestro país difunden todos los días al mundo la propaganda de Washington y sus compinches del más diverso plumaje.
Esa imagen trata de presentarnos como una suerte de infierno repleto de dificultades que creamos nosotros, nunca el bloqueo estadounidense, como un lugar donde no se realizan elecciones ni existe democracia en general, al tiempo que se violan los derechos humanos.
Tal es la mercancía que una poderosa maquinaria asentada en Estados Unidos vende constantemente a periódicos, revistas, estaciones de radio y televisión del mundo, en los que muchas veces Cuba es vista a través de la óptica norteamericana.
En ese contexto, sobre las elecciones que se realizan en este archipiélago caribeño han tendido un manto de silencio o les han tratado de negar legitimidad porque no se ajustan a las que establecen la Casa Blanca y el Congreso de Washington.
Sin embargo, los comicios efectuados aquí el domingo le propinaron otro duro golpe a ese conjunto de maquinaciones, porque, a manera de sobresaliente ejemplo, ponen de manifiesto que en nuestra nación las cosas no son como difunde esa propaganda.
Que el 98,35 por ciento de los votantes haya ejercido el sufragio demuestra que confían en su proceso electoral, al que asisten voluntariamente y sin las fantasmagóricas amenazas que inventan en la capital norteamericana y en Miami.
Y ello no representa una excepción, se ha convertido, a manera de fenómeno raro sobre el planeta, en lo que normalmente acontece en las elecciones cubanas, desde las circunscripciones de los municipios hasta la instancia nacional.
Los anexionistas de adentro y de afuera llamaron a no votar o anular la boleta. Solo dejó de presentarse en los colegios electorales el 1,65 por ciento de los inscriptos, mientras que los votos en blanco llegaron al 3,36 por ciento y las boletas anuladas al 1,64. Fracasaron en sus propósitos, una vez más.
¿Significado de lo anterior? Que ni los anexionistas de Miami ni los grupitos de igual envoltura que andan por aquí tienen una verdadera influencia en el seno de la sociedad cubana, que se desinflan conocidas versiones sobre el papel de cierta gente del "exilio" y de los "disidentes" en el presente y futuro de nuestro país.
Estamos en presencia de otra prueba respecto a la honda fe ciudadana en la dirección histórica de la Revolución, que encabezan Fidel y Raúl, de un gigantesco voto de aprobación a lo que han llevado a cabo hasta el presente y de confianza en lo que harán en el futuro.
¿Por qué esa confianza? Porque estuvieron al frente de la lucha contra la tiranía que tan salvajemente ultrajó los derechos humanos, porque bajo su liderazgo Cuba dejó de ser una neocolonia de Estados Unidos, y porque, del brazo de las nuevas generaciones de cuadros dirigentes, han sido los principales inspiradores de una obra concreta al servicio del pueblo.
La propaganda norteamericana y la de quienes le hacen eco repiten ahora que en este país hubo elecciones "con un solo partido", al tiempo que ocultan, entre otras cosas, la no participación del Partido Comunista en la elección de los candidatos, que es la población quien lo hace, y el decisivo papel que corresponderá a esas personas salidas de la base en un proceso que culmina al quedar conformadas las más altas instancias del Estado.
¿Qué ocurriría en la casi totalidad del mundo, incluido Estados Unidos, si mañana se decidiese que los vecinos de cada municipio podrán seleccionar por ellos mismos a los candidatos de ese nivel? ¿Qué sucedería si se incluyera la atribución de que los elegidos entre ellos jugaran un papel clave en la selección de los candidatos de mayor rango?
Sin el ánimo de querer matar del corazón a políticos norteamericanos como Jesse Helms, Roberto Graham o Ileana Ros-Lehtinen, recuerdo que lo dicho resulta algo insólito para ellos, pero aquí forma parte consustancial del proceso electoral cubano. El mismo que, precisamente por cosas como esas, ellos y otros han tratado de crucificar tantas veces.
Lo que más preocupa en Washington es que en Cuba haya surgido una alternativa electoral incomparablemente más limpia y democrática que la existente allí, que sea una experiencia en ascenso y consolidación, frente a un sistema cuya moral y valores se van esfumando en medio de sonados escándalos.
Se trata de una alternativa enfrentada a una durísima competencia ideológica, pero que tiene a su favor a un aliado, el tiempo, el mismo que marca irremediablemente la crisis de modelos electorales que alguna vez fueron exhibidos como deslumbrantes ejemplos de la democracia.
Si difícil es proclamar que se desea imponer un régimen de libertades en Cuba a través de un bloqueo que la Asamblea General de la ONU ha repudiado cinco veces, menos fácil parece hacerlo a nombre de un sistema político cuya esencia democrática se aleja cada vez más de los intereses de la mayoría del pueblo norteamericano.
Y en ese camino han transitado ya casi 40 años, con especial ensañamiento durante los últimos ocho, tramo suficiente como para que se hubiese erosionado la voluntad de resistencia de los cubanos y desgastado la autoridad de sus dirigentes.
Pero las elecciones del domingo último demostraron exactamente lo contrario, las grandes dificultades han hecho al cubano más porfiado en la decisión de no renunciar a su patria socialista, y el prestigio de quienes conducen la batalla solo ha cambiado en más.