CULTURALES

Tres premiados en exclusiva


Pedro de la Hoz

Con catorce años de diferencia, Reina María Rodríguez, una de las voces líricas cubanas más importantes en este último cuarto de siglo, repite el Premio Casa de las Américas en poesía. Laureada también dos veces con el Premio Julián del Casal, de la UNEAC, y merecedora doblemente del Premio de la Crítica, esta poetisa vive intensamente la experiencia de registrar sobre el papel su peculiar relación con objetos, personas y atmósferas.

"La foto del invernadero -explica- tenía año y medio de estar armado. Mis poemarios crecen, sin darme cuenta, y se van organizando. Tú sabes que vivo prácticamente en casa, apenas salgo, leo y escribo, atiendo a mis hijos y a mi madre, y, claro, que en la azotea sigo reuniéndome con poetas y amantes de la poesía para decirnos versos y todo lo lindo que se pueda."

Esta vez no se sobresalta como cuando Para un cordero blanco, en 1984, ganó Casa, pero no es que pierda capacidad de asombro: "Se trata de que el tiempo va pasando y una toma con calma estos avisos de la suerte".

El tiempo: palabra clave en Reina María Justamente el tiempo es el protagonista del poemario premiado, el que, según ella "distancia la percepción, por eso escribí esos poemas como si leyera la realidad atrapada en fotografías amarilleadas por la pátina de los años".

Piensa que el libro se mueve en un tono aparentemente más calculado, más intelectual. El jurado ponderó la fusión de un lenguaje culto y coloquial que desborda las márgenes de lo cotidiano y subrayó cómo la especificidad femenina aporta, sin dudas, elementos diferenciadores que enriquecen su valiosa cosmovisión.

"Si tuviera que retocar el poemario -concluye esta Reina feliz- le pediría a los editores que incluyeran un poema dedicado al Che, para mí muy importante y que debió estar en el libro."

LOS PODERES DE LA SALSA

Con Cheo Feliciano y Gilberto Santarrosa, el Gran Combo y Maelo, Andy Montañez y Willie el Malo y todos los que en el puente tendido entre la Isla y El Barrio, allá en Nueva York, han hecho de la música popular bailable boricua un símbolo de identidad nacional que los une a América Latina y los distancia de la absorción anglosajona, el investigador puertorriqueño Angel G. Quintero está celebrando en su intimidad el Premio Casa en la categoría ensayo de temas histórico-sociales.

Contactado por vía telefónica, Quintero declaró a Granma: "Me alegra el resultado por cuanto la historiografía y la sociología académicas tienden a observar la música y, en general, las artes populares, como expresiones en la periferia de sus objetos de estudio, pero en Puerto Rico no se puede reconstruir la imagen del poder y la subordinación, ni la de la identidad y la resistencia, sin esa música que nos perfila y comunica".

UN PREMIO EN MI PATRIA

El silencio se prolonga al otro lado de la línea. No es que dude ante la pregunta; por el tono de la respuesta se advierte la emoción: "... figúrese, es un premio que gané en mi Patria, lo máximo que me ha pasado". Quien habla es Lourdes Tomás Fernández de Castro, una cubana que a los 14 años de edad, en 1970, emigró con sus padres a Estados Unidos. Allí estudió se doctoró en Filología en la Universidad de Nueva York y ahora enseña en la Universidad de Miami.

Su libro Espacio sin frontera es una incitante aventura intelectual: "Mi propuesta es una visión diferente de lo que suele conceptualizarse como interpretación literaria. Los estudios literarios, en los últimos tiempos, han insistido demasiado en la objetividad y olvidado que, aun cuando una actitud escéptica sea adoptada ante un texto, el lector busca la verdad, su verdad".

Seguramente el ensayo de Lourdes provocará polémica: su manera de defender el autoconocimiento, a partir de la dimensión ética de la lectura, y de dinamitar la relación biunívoca entre sujeto-objeto que predomina en las instancias académicas de la teoría literaria, debe remover opiniones encontradas.

"Para que entiendan mi punto de vista -explica- suelo tomar a la música como re-ferencia. Los compositores conciben una partitura, pero esta sólo se realiza en la interpretación y cada ejecución es distinta y, al mismo tiempo, si es pertinente, resulta fiel a la partitura. Este sentido es el que creo debemos recuperar ante la lectura". Su pasión la lleva a dialogar críticamente con el estructuralismo y el francés Jacques Derrida y sus tesis deconstructivas, con Umberto Eco y las corrientes contemporáneas de la ciencia literaria. "Pero en el desarrollo de mis argumentos -señala- dos escritores son decisivos: Borges, siempre vigente, y Miguel de Unamuno, a quien se revaloriza hoy. No creo en las etiquetas, ahora son escritores postmodernos".

Lourdes ya publicó un ensayo titulado Fray Fernando alucinado, el volumen de cuentos Las dos caras de D y obtuvo el premio letras de Oro en 1993. ¿Algún sueño incumplido? "Ver mi país es lo que más deseo".

 


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