La injerencia de Estados Unidos en la guerra hispano-cubana

GILBERTO TOSTE BALLART

En vista de que España no vendía a Cuba, que la anexión y la autonomía habían fracasado y que los cubanos, después de 30 años de lucha por su independencia estaban a punto de alcanzarla por sí solos, Estados Unidos buscó los pretextos para intervenir y apoderarse de la Isla e imponer su voluntad imperial.

La voladura del crucero "Maine", el 15 de febrero de 1898 en el puerto de La Habana fue el pretexto final. Este hecho culminó un proceso de preparación psicológica del pueblo norteamericano, que estuvo caracterizado por una sistemática, masiva y sensacionalista campaña de prensa, orientada por los grandes intereses financieros y expansionistas de Estados Unidos, con el propósito de crear un estado de opinión favorable a la guerra que se avecinaba. Esta empresa propagandística enmascaraba, tras la consigna de liberar a Cuba, los verdaderos objetivos de conquista que perseguían aquellos intereses.

Durante largos años de lucha por la independencia de Cuba, "jamás Estados Unidos reconoció a los gobiernos de la República en Armas, ni siquiera la condición de beligerancia; se les negó todo apoyo, y siempre, con el deliberado propósito de impedir la independencia".

El 11 de abril de 1898 el Presidente norteamericano enviaba al Congreso de ese país su muy esperado mensaje con respecto a las relaciones con España y sobre la guerra de Cuba, en el que solicitaba autorización para intervenir en el conflicto. Comenzarían varios días de debates en la Cámara y el Senado. Por fin, el 19 del propio mes, se aprobó la Resolución Conjunta. Al siguiente día, el presidente McKinley la sanciona y la transforma en ley de la Nación. La Resolución fue el ultimátum que provocó la guerra contra España.

La administración estadounidense conocía que el dominio hispano en Cuba se debilitaba por días y que la Revolución, por el contrario, se fortalecía sin cesar. Si Estados Unidos no actuaba rápidamente, se enfrentaría a una Cuba independiente y se perdería la oportunidad de emplear la "pacificación" de la Isla como catapulta para su expansión antillana y asiática.

De ahí que la guerra para liberar supuestamente a Cuba fuera una guerra para impedir su independencia, eliminar a España de las Antillas y las Filipinas y abrir la puerta para la dominación económico-política de esas islas por Norteamérica.

El 25 de abril los Estados Unidos declaran formalmente la guerra. Entre el 22 y el 24 de junio de 1898 comienzan los desembarcos de las tropas yankis por las playas de Daiquirí y de Siboney, en las proximidades de Santiago de Cuba. Se inicia el cerco terrestre de la ciudad, operación en la que las unidades insurrectas dirigidas por el Mayor General Calixto García llevan el peso de la ofensiva.

La injerencia norteamericana, "cuando los patriotas cubanos tenían lograda prácticamente la victoria, como había admitido en febrero de ese año el almirante español Pascual Cervera, tuvo como objetivo inmediato asegurar, si no la anexión territorial, al menos la anexión económica de la Isla".

El 3 de julio es destruída la escuadra española en el desigual combate naval de Santiago de Cuba.

Con esta derrota, quedó prácticamente sellada la suerte de esa ciudad y, de hecho, del imperio hispánico en tierras de América y Asia.

El 16 de julio de 1898 capituló la guarnición española que defendía a Santiago de Cuba; sin embargo, el mando norteamericano, de acuerdo con la política oficial de Estados Unidos de desconocer a los organismos de la Revolución cubana, no permitió que los cubanos participaran en las ceremonias de rendición. Ninguno firmó el documento. Se desconocía la decisiva participación cubana en esta operación militar que condujo a la victoria. El General cubano Calixto García, jefe de las tropas rebeldes de la región oriental, protestó enérgicamente en histórica carta dirigida a las autoridades norteñas. Este hecho constituyó la ratificación de la inalterable política estadounidense hacia Cuba.

El 12 de agosto se suspendían las hostilidades. Estados Unidos, victorioso, dictó órdenes para levantar el bloqueo naval en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La guerra hispano-cubano-americana, "la pequeña guerra espléndida", como la llamó John Hay en carta dirigida a Theodore Roosevelt, había durado menos de cuatro meses.

Se firma el Tratado de Paz entre España y Estados Unidos en París, el 10 de diciembre de 1898, acto al cual tampoco fue invitada a asistir la parte cubana. La Isla se constituía en territorio especial de ocupación.

El 1ro. de Enero de 1899, a las doce del día, terminaba la soberanía de España en la isla de Cuba y empezaba oficialmente la de Estados Unidos mediante su primera intervención.

Cuba fue el primer gran mercado neocolonial del naciente imperialismo yanki; en 1899 se hablaba en Estados Unidos de los fabuloso negocios que harían en nuestro país; "al ejército de ocupación le siguieron, como legítimos ocupantes, las compañías anónimas, los banqueros y los latifundistas". La expulsión de España de sus últimas colonias en América y Asia les aseguró el dominio virtual del Caribe y una posición ventajosa en el Pacífico, "usurparon un pedazo del territorio cubano en Guantánamo, se apoderaron de Puerto Rico, Guam y Filipinas y ocuparon, más tarde, el Canal de Panamá".

"El dominio del arco superior de Las Antillas fue la vía para el ejercicio de una desgarradora influencia sobre el resto de Las Antillas y de América Latina". El genio político de José Martí comprendió el peligro que acechaba y trató de "impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América".

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