Puerto Rico

Nada con la estadidad

Joaquín Rivery

El gobernador de Puerto Rico, Pedro Roselló, tergiversó por completo las cosas al presentar los sentimientos de sus connacionales en el plebiscito del pasado domingo como una victoria de los que desean integrarse a la metrópoli colonial.

Al tratar de enmascarar el rechazo a la incorporación de la isla caribeña a Estados Unidos, Roselló argumentó que en la papeleta había cuatro peticiones al Congreso norteamericano -estadidad, estado libre asociado, independencia o libre asociación-, de las cuales la más votada fue la estadidad, o inclusión de Puerto Rico a Estados Unidos como un estado más.

La "quinta columna", definida como "ninguna de las anteriores", fue la que más votos obtuvo, con más del 50 por ciento. Roselló interpretó eso como que los puertorriqueños no están haciendo ninguna petición al Congreso en Washington y, en consecuencia con sus propios pensamientos, dijo que había triunfado la estadidad que él pregona porque fue la más votada de las demás opciones.

Armó un gran malabarismo de cifras para lograr su conclusión, pero lo que sí no pudo negar es que los puertorriqueños no están haciendo ninguna petición al Congreso.

Esa es exactamente la traducción del voto. Los puertorriqueños no quieren solicitar nada a Estados Unidos. Rechazan, por lo tanto, cualquier cosa que sea pedir algo al poder legislativo norteamericano.

Aunque Roselló se empecine en lo contrario, el resultado de la votación reiteró que los naturales de la patria de Betances repudian convertirse en una estrella más de la bandera estadounidense.

Lo más interesante de este resultado es que los puertorriqueños lo hicieron en el centenario de la ocupación de su país por Estados Unidos, lo cual demuestra que, a pesar del enorme bombardeo de propaganda norteamericanizante por todos los canales posibles, la identidad cultural y el espíritu de nacionalidad siguen vivos y fuertes en la mayoría de la población un siglo después.