CULTURALES

Premio Manuel Cofiño

Polifonía de las
letras cubanas


Luis Suardíaz

Jaime Mejía Duque (Aguadas, Colombia, 1933) acaba de obtener el Premio Manuel Cofiño, concebido especialmente para autores colombianos sobre literatura cubana, que auspician la Universidad del Valle de Cali, el Instituto Cubano del Libro y la UNEAC.

Mejía Duque: Cuba es un paradigma para América y el mundo.

Lo conocí hace treinta años, cuando él estudiaba literatura rusa en Moscú, por entonces ya se adentraba en la obra de García Márquez que con los años ha sido tratada por Mejía con verdadera enjundia, y venía publicando breves o densos ensayos sobre literatos de su país, algunos de los cuales se juntaron en el volumen Literatura y realidad, de 1969.

Con motivo del otorgamiento del Cofiño, que fue su gran amigo, ha realizado su decimoctavo viaje a nuestro archipiélago. Más de una generación lo ha conocido en aulas, talleres literarios, concursos como el Casa de las Américas de 1971 donde trabajó como jurado, encuentros y congresos culturales. Su título galardonado tiene unas doscientas páginas y se integra a la galería de los raros, pues con el título general Del son a la polifonía -tomado de su estudio sobre nuestro Poeta Nacional- se ocupan de autores insulares tan diversos en el tiempo, el estilo y los géneros como Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Onelio Jorge Cardoso, Jesús Orta Ruiz (Naborí), Manuel Cofiño y Lisandro Otero.

El libro, me confía, se fue escribiendo por sí solo, sin una demanda específica. Cuba posee una fuerte identidad en América Latina y el Caribe y mis viajes, diálogos y lecturas hicieron posible el surgimiento de estos ensayos.

"En el caso de Guillén, puedo decir que después de Maiacovsky, en lo que al socialismo se refiere, no ha vuelto a darse un gran poeta de tan entrañable politización como el cubano. Digo, además, que es polifónico porque se trata del último de los cuatro grandes bardos polifónicos surgidos en América desde Alaska a la Tierra del Fuego. Los otros son Whitman, Darío y Neruda. Otro vate antillano a quien estudio es el magnífico Jesús Orta Ruiz (Naborí) en su importante aporte a la poesía campesina."

A Carpentier, un clásico de la prosa barroca -dice Mejía Duque- lo trabajé únicamente en La Consagración de la primavera. Allí no sólo se encuentran sus principales constantes y características sino que el maduro autor integra su obra a la Revolución Cubana, a la experiencia del proceso que comenzó el 26 de Julio de 1953. Onelio, por su parte, es un fabulador lírico cuyos aportes no se limitan a Cuba sino que lo sitúan en la primera línea de la cuentística latinoamericana. Cierro con Cofiño y Otero, diversos y complementarios. Más lírico el primero, más pragmático el segundo que es un novelista del devenir social de nuestra época, deudor de la narrativa norteamericana. Cofiño no se inicia como Otero en sus primeros años; surge con la Revolución que fue su gran tema, pero aun cuando subrayó los hechos positivos, nunca fue un autor esquemático.

Cuba, termina diciendo Duque, es un paradigma, un ejemplo para todo el continente y para el mundo, y para contribuir a la difusión de su literatura he escrito con todo fervor y atención crítica estos seis ensayos.


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