CULTURALES

El Ballet reverdeció
laureles en el Colón


Toni Piñera
Enviado especial de Granma

BUENOS AIRES.-Recuerdos, aplausos, laureles y realidades danzaron en una noche singular. A casi 50 años de la primera actuación aquí, y luego de 11 años de ausencia, el Ballet Nacional de Cuba reconquistó al exigente público del Colón que colmó el Teatro y ovacionó largamente a una compañía continuada que lleva la impronta de la maestra Alicia Alonso.

El variado programa con acentos clásicos y contemporáneos caló hondo en los espectadores que fueron sorprendidos por los diferentes estilos de uno a otro ballet, y la capacidad para "cambiar de piel" de los bailarines cubanos. Las cortinas de la noche se descorrieron con Después del diluvio, una pieza virtuosa de Alberto Méndez, inspirada en El carnaval de los animales, de Saint Sáenz que juega al máximo con las posibilidades del cuerpo de baile y se levanta sobre un coherente diseño plástico en movimientos masivos que atrapó al auditorio. Viengsay Valdés/Osmay Molina aportaron una nota de buen gusto y baile fluido en el pas de deux Sylvia (Balanchine/Delibes), según una eficaz combinación de pericia técnica y sensibilidad interpretativa; mientras que Ivette Reguciro/Octavio Martin/Víctor Gilí, subieron la temperatura del ya "caliente" Teatro Colón, con ese "pas de trois" enérgico y de ritmo ascendente Suite géneris, también de Alberto Méndez que aportó muchos ¡bravos! al concierto.

La fille mal gardée, coreografía de Alicia Alonso sobre la original de Dauberval, cerró con broche de oro la emocionante jornada, de la mano de una pareja de alto vuelo Alihaydée Carreño (Lisette) y Joge Vega (Colin), herederos de las grandes tradiciones de sus predecesores, quienes dieron lo mejor de sí, junto con Vladimir Alvarez -espléndido en un Alain muy ovacionado-, y la mamá Simone, de José Zamorano que conquistó las sonrisas con un sólido personaje. Mercedes Vergara / Ileana Canetty, como las Casamenteras, siempre en esto constituyeron un apoyo expresivo, al lado de un cuerpo de baile que también supo poner en alto el nombre del BNC.

Concluida la función, diversas personalidades de la cultura argentina, críticos, bailarines y artistas y el embajador cubano Nicolás Rodríguez subieron a la escena a saludar a los miembros de la compañía que en el tiempo volvieron a grabar otra profunda huella, en el mismo lugar que sus maestros. Montevideo ahora los espera.


|Home|Internacionales|Nacionales|Deportes|Cultura|E-mail|