| CULTURALES |
Octavio Cortázar
y la memoria documental
PEDRO DE LA HOZ
Octavio Cortázar pudiera dedicar exclusivamente sus días a la profesión que le ha dado prestigio; realizador de imágenes. Nadie se atreve a cuestionar su huella incisiva en el cine documental cubano; dos obras bastarían para asegurarle un puesto de altísimo relieve, Acerca de un personaje que unos llaman San Lázaro y otros Babalú, mirada reflexiva y, a la vez, poética al universo sincrético religioso, luego tan abaratado por aproximaciones turísticas y comerciales; y Por primera vez, magistral crónica sobre lo que representó el descubrimiento del cine para los habitantes de una intrincada comunidad montañosa. El brigadista y Guardafronteras se recuerdan como testimonios vivos de un cine de ficción que, al filo de los 80, parecía conjugar definitivamente dignidad artística, épica revolucionaria y convocatoria popular.
Pero hoy son otros los días de Octavio Cortázar. El cine, especialmente el documental, no ha gozado en los últimos tiempos de buena salud, aunque talentos no faltan, de modo que el artista, en aras de contribuir a solucionar una situación que le duele, se ha desdoblado en promotor. Es por ello que al frente de la casa productora de documentales Hurón Azul, de la UNEAC, trata de reanimar el género. Y que cada tarde de sábado, a las 4:30 p.m. de una manera quijotesca, cuando todavía los televidentes no están enganchados ante la pequeña pantalla, comparezca en Tele Rebelde, para dirigir y presentarnos El realizador y su obra.
Sin grandes pretensiones ni alardes en la puesta en pantalla, El realizador... aspira a mostrar la historia y la riqueza de la documentalística cubana, desde el inicio de los tiempos hasta la contemporaneidad inmediata. Y lo va logrando: cada programa es un eslabón de una cadena que, casi sin darnos cuenta, se dibuja ante nuestros ojos: la memoria y los avatares de nuestra identidad pasan por el escrutinio de un ejercicio documental que se ha ido ramificando con los años. El interés adicional del espacio se halla en la posibilidad de compartir criterios, incluso de poder polemizar en la distancia, con alguien que ha vivido, desde adentro, parte de esa historia.
El realizador..., empeño que se hermana con lo que fue alguna vez La tanda del domingo, la provechosa insistencia de Enrique Colina en 24 por segundo, lo que rodea a la opción principal de Cinemavisión, la sostenida presencia de Historia del cine y la nueva apertura que significa Cinemaeuropeo, merece jerarquía y aliento en una programación televisual que se sostiene en medio de difíciles circunstancias, pero en la que muchas veces el arte y hasta el entretenimiento faltan.