El vaquero de la comunidad

Ortelio González Martínez

Días antes de morir, el viejo Oria se percató de que sus fuerzas no lo acompañaban para andar a caballo loma arriba y loma abajo. Fue entonces que tomó la decisión más dolorosa de su vida: "Enriquito, mi nieto, ya no puedo seguir, a partir de ahora te ocupas de la finca."

Rodeado de sus mejores vacas.

Enrique Oria Pérez, el mejor productor de leche en la provincia de Ciego de Avila, aprendió solo a tratar a los animales. "Eso se siente", y se toca dos veces el lado izquierdo del pecho, de donde le sale el amor por la Viuda, la Curra, Barbarita o Ubre Blanca, cuatro de sus mejores vacas.

En todo Tamarindo lo conocen y no por ser nativo de ese pueblecito, sino porque desde hace varios años él, como productor individual de la CCS Ramón Duque, en el municipio de Florencia, suministra el alimento a más de 100 niños de ese lugar.

Bien temprano, junto a su yerno, Edel Lugo Machado, comienza la faena. Llueva o truene se dirige al establo y llama a las vacas por su nombre. Así pasan los días y los años, sin faltar al compromiso.

"¿El compromiso? ¡Eh!, por ninguna razón yo puedo dejar de entregar esa cifra a los niños de aquí, porque además de ser un alimento importante, la leche cuesta un montón de dólares al país. Yo sé que mi aporte no es mucho, en comparación con la cantidad que se consume en Tamarindo, pero algo es algo, ¿no?

"Hubo momentos en que las vacas se doblaban de flacas y era muy difícil ordeñarlas. La misma Viuda, que jamás se me ha tirado en el suelo, refunfuñaba cada vez que entraba al cuartón y yo también sufría, pero debía cumplir con la palabra.

"Bueno, a decir verdad creo que exageré un poco cuando dije que se doblaban de flacas porque mis vacas siempre han estado bien atendidas, pero no es menos cierto que la sequía afecta y hay que volverse un mago para mantenerlas.

"Eso tiene su maña. Por nada en la vida yo desvío hacia otras labores los recursos que me dan para atender el ganado. Además, cada vaca tiene su cuota de un cordel de caña para su alimentación y le suministro residuales de cítricos. Eso quita los parásitos y pone fuerte al animal. Nadie me lo ha dicho, pero yo lo sé.

"También le presto especial atención al manejo de la masa, desde que nacen los terneros hasta que por motivo de vejez abandonan la finca: que se alimenten bien, no cojan demasiado sol, que tomen agua y muchos otros poquitos para lograr altas producciones."

Su finca tiene la peculiaridad de estar mitad en el pueblo, mitad en el campo. En una visita al lugar Orlando Lugo Fonte, presidente nacional de la ANAP, aseguró que Enrique estaba dando una excelente lección a muchos otros productores individuales en el país, entre otras razones, porque además de acopiar determinados volúmenes de carne de cerdo, garantiza el alimento gratuitamente a quienes asisten al hospital a donar sangre.

Según un pacto de caballero que realizó el otro día con Alfonso Alonso, delegado de la Agricultura en el municipio, está en condiciones de aportar cada año entre 60 000 y 100 000 litros "si me ayudan con una tierrita por ahí para poder incrementar el número de cabezas de ganado, pues ya la finca no aguanta más".

Este vaquero, que en nada se parece a los de las películas del Oeste, del 91 a la fecha entregó al Estado 223 453 litros, de un plan de 168 000, cifra que incrementará considerablemente este año.

"Tenga la seguridad que Enrique Oria Pérez no falta a la palabra de seguir enreda'o entre animales para continuar aportando al país" y levanta el índice y en tono firme precisa: "Mi hija va a ser médico y sus estudios no me van a costar un centavo. ¿De qué manera voy a pagar si no es ayudando en lo que pueda? Yo me voy a retirar cuando muera, a los 111 años y ocho meses, igual que mi abuelo. Así que todavía me queda mucho por dar."

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