Llamado a la cordura

Ronal Suárez Ramos

PINAR DEL RIO.-Las cifras son reveladoras, pero cifras al fin, así como cuando hablamos de cientos de muertes y otros tantos lesionados en accidentes de tránsito, sin concientizar la magnitud de la tragedia.

Solo cuando el hecho nos toca de cerca, constatamos que estos números tienen nombres y apellidos. Algunas veces de jóvenes llenos de aspiraciones y posibilidades para labrarse un futuro promisorio, otras, las más sensibles, de niños que apenas se asomaban a la vida.

¿Cuántos proyectos truncados, cuántos sueños irrealizados, cuánto dolor caído de repente sobre familias que quizás radiaban de felicidad?

Todo el que conduce un vehículo, o sencillamente, sale a la calle como pasajero o peatón, está expuesto. Nadie puede asegurar que no será la próxima víctima, o el causante de la desgracia de otros. Mas, ¿ha meditado usted en ello?

Detrás de cada accidente hay siempre una negligencia, un descuido, una imprudencia, de las cuales, lamentablemente, nos percatamos demasiado tarde.

En ello pensaba cuando conocía los resultados de la investigación sobre el trágico accidente ocurrido en la zona montañosa de San Cristóbal el pasado mes, cuyas consecuencias fueron ampliamente divulgadas.

Ahora, al dolor incomparable de quienes perdieron allí a sus seres queridos, se suma la responsabilidad penal del chofer cuya imprudencia causó el desastre, y del jefe de taller donde debió asegurarse el buen estado técnico de un vehículo que haría tan peligrosa travesía con una preciosa carga de vidas humanas.

Pero, ¿es este el único caso?, categóricamente puedo afirmar que no. Muchas veces he escuchado a choferes quejarse del mal estado técnico de su carro porque no le dan tiempo para el mantenimiento preventivo, o por no contar con la pieza nueva para reponer la desgastada, y, sin embargo, le exigen hacerse a las carreteras en tales condiciones de inseguridad.

¿Cuántas veces no hemos visto a alguien salir de la playa o de algún lugar donde se expenden bebidas alcohólicas, "pasado de tragos" y empuñar el timón con la mayor naturalidad del mundo, sin meditar en las posibles consecuencias de su irresponsabilidad?

Transitar en dirección contraria, no por confusión, sino con plena conciencia de ello, se ha vuelto una violación bastante corriente, en la que incurren mayormente ciclistas y algún que otro motociclista, con peligro para sus vidas y para los peatones.

No pocos choferes se molestan cuando el policía les pone una multa por haberse "llevado" una señal de Pare, o la luz roja de un semáforo sin interiorizar la gravedad de la violación cometida, cuando lo lógico sería pedir excusas por la peligrosidad de su acción.

No se trata de un slogan propagandístico: los accidentes pueden evitarse si todos actuamos con cordura y responsabilidad, desde el mecánico, el jefe de transporte o el funcionario encargado de velar porque los medios de locomoción a él asignados tengan ante todo seguridad, hasta el conductor que no puede acatar pasivamente la orden de salir a la calle con el vehículo que tenga defectuosos su sistema de freno o de dirección, por ejemplo.

Se impone una mayor responsabilidad de quienes conducimos, ya sea un camión, un automóvil o una bicicleta, pasando por los que a pie o en ciclos cometen todo tipo de violaciones de las disposiciones del tránsito.

Después puede venir el arrepentimiento, el "cargo de conciencia" y hasta la justificación, pero evitar la tragedia solo es posible ahora.

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