 Antonio Núñez Jiménez
Un científico entregado
a su obra y a la Revolución

ALEXIS SCHLACHTER
Murió a los 75 años el pasado domingo. Desde entonces
-y ya para siempre- Antonio Núñez Jiménez nos acompaña como una hermosa leyenda de
ciencia y conciencia. En 1940, adolescente aún, fundó la Sociedad Espeleológica por
amor a la investigación y a la verdad geográfica escamoteada en tanto libro inútil. En
1955, dijo lo que tenía que decir en su obra titulada Geografía de Cuba y mereció por
esto tanto odio y tanta saña de la tiranía batistiana al punto de arder toda la primera
edición, salvo ejemplares aislados.
¿Qué proclamaba aquel libro de tema geográfico, de corte
científico, quemado por orden expresa de un gobierno? Sencillamente, Núñez Jiménez
mostró las realidades más duras de los seres humanos que habitaban un país neocolonial;
proclamó la necesidad de recuperar las riquezas naturales, denunció la explotación de
las grandes compañías foráneas y -algo inaudito para la época- pidió una Reforma
Agraria.
Así, Geografía de Cuba se convirtió en una obra científica, de
lenguaje sencillo y comprensible, que no dio la espalda a la realidad social y política
de la Patria.
Merece recordarse hoy cómo Núñez Jiménez, en aquella obra
perseguida, enseñaba a pensar con cabeza propia y desnudaba una burda manipulación
geográfico-histórica: Sostener la idea simplista de que Cuba es una Isla, costó serio
problema a la nación cubana, en relación con sus verdaderos límites nacionales.
España, como metrópoli, se refería siempre "a la fiel Isla de Cuba", concepto
que los mambises no modificaron en toda la propaganda libertadora, pues sólo se hablaba
de independizar la Isla de Cuba. En este concepto se basaron los gobernantes
norteamericanos, finalizada la guerra entre Cuba y España y los Estados Unidos, para
hacer constar, en la propia Constitución de 1901: "La Isla de Pinos queda omitida de
los límites de Cuba propuestos por la Constitución..."
El precisaría cómo el olvido geográfico de que nuestro país
constituye un archipiélago y no una solitaria isla caribeña, había dejado fuera de la
soberanía nacional más de 1 500 cayos y hasta a la propia Isla de Pinos. ¿A quién, si
no al Imperio, podían interesar semejantes omisiones lesivas a la soberanía cubana?
Claro estaba... a río revuelto, ganancia de pescadores... Núñez Jiménez vio el rejuego
y no vaciló en denunciarlo como profesor y ciudadano.
Por el camino del amor a la verdad se unió al Ejército Rebelde a
la llegada del Che al territorio central y se convirtió en jefe del Servicio Topográfico
de la Columna 8 Ciro Redondo.
Recibió por sus servicios los grados de capitán. Y continuó
entonces su bregar científico y revolucionario. Acompañó al Jefe de la Revolución en
numerosos viajes por el archipiélago e impulsó ideas que aún están dando frutos.
Fidel, en sus palabras del 15 de enero de 1960, durante el acto por el aniversario 20 de
la Sociedad Espeleológica de Cuba, dijo: ...Nosotros fuimos a Cayo Largo porque Núñez
Jiménez constantemente nos estaba brindando información sobre Cayo Largo; Cayo Largo no
lo conocía casi nadie en Cuba; realmente, nunca habíamos oído hablar de su playa
maravillosa y gracias a la insistencia del compañero Núñez Jiménez, que había
invertido allí muchos días en exploraciones... fuimos a Cayo Largo, y Cayo Largo está
llamado a ser uno de los centros turísticos más importantes de Cuba... Gracias a esos
conocimientos de Núñez Jiménez, hemos explorado numerosos lugares del país que hoy se
están convirtiendo en centros de riqueza para nuestra Patria...
Momento oportuno para recordar que el territorio cienaguero donde se
libró la primera batalla exitosa en América contra el Imperio, tuvo en Núñez Jiménez
un apasionado defensor.
¡En cuánta obra útil y necesaria no estuvo el geógrafo
revolucionario! Fue director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), presidió
el Banco Nacional de Cuba, fue el primer presidente de la Academia de Ciencias,
diplomático en Perú -sin por eso olvidar sus inquietudes de investigador científico-,
viceministro de Cultura. Al morir, estaba al frente de la Fundación de la Naturaleza y el
Hombre.
Extensa es su obra literaria y por derecho incuestionable alcanzó
un nombre destacado en la cultura cubana. Poco se ha divulgado que junto a Núñez
Jiménez, en sus exploraciones espeleológicas, estuvo una brillante representante del
arte danzario mundial: nuestra Alicia Alonso. Sabía trasmitir a todos los que se le
acercaban la belleza de la ciencia geográfica.
Media hora antes de morir, víctima de un ataque cardíaco, en la
tarde del pasado domingo, Antonio Núñez Jiménez estaba trabajando en su obra Cuba: la
Naturaleza y el Hombre. Nacido en Alquízar, provincia La Habana, el 20 de abril de 1923,
tuvo desde muy joven inquietudes científicas que lo condujeron hacia el estudio de la
geografía cubana, primero y del resto del mundo más tarde.
Realizó investigaciones tanto en uno de los polos del planeta como
en la corriente del río Amazonas y en el Caribe. Dejó para la posteridad importantes
libros, una serie para televisión y su ejemplo de trabajador incansable hasta el final.
Recibió numerosas condecoraciones y distinciones tanto nacionales como extranjeras. Entre
las coronas que acompañan sus restos en la funeraria de Calzada y K se encuentra la del
Comandante en Jefe Fidel Castro. Hoy a las 11 de la mañana será el sepelio en la
Necrópolis de Colón. |