 Siembra de caña
La calidad no cae del cielo
Los habaneros, los que menos perdieron en la primavera, se apoyaron
en buena preparación del suelo, semilla categorizada y brigadas con hombres de
experiencia

Juan Varela Pérez
Si todos los cañeros-azucareros coinciden en que lo fundamental en
la siembra es la calidad, ¿por qué entonces no crear condiciones organizativas para que
las pérdidas sean mínimas?
No es suficiente que la semilla sea categorizada, hay que hacer una buena
selección, trocearla y después manipularla con cuidado.
La pregunta no la hizo un dirigente del sector; es portador de ella
un productor cañero de base, alguien que puede hablar con propiedad pues la CPA que
preside -la Mártires del Moncada, de La Habana- plantó en la primavera ocho
caballerías, no perdió un solo cordel y alcanzó una germinación pareja y envidiable:
sobre el 90 por ciento.
Oriol Vega afirma que ahora sí el Héctor Molina emprendió el
camino que lo devolverá a los altos rendimientos de pasados años, pues esto no se logra
sin cepas sanas, vigorosas y campos de alta población.
Este complejo tuvo resultados en el primer semestre que lo ubican
entre los destacados nacionalmente: sembró 81 caballerías y solo perdió una y media.
La ingeniera Zulima Lorenzo, jefa de agrotecnia (única mujer de la
provincia que tiene esa responsabilidad en un complejo) enumera tres de las razones que
influyeron en este balance positivo:
1) La preparación y alistamiento de los suelos se hizo mediante un
proyecto que se cumplió al pie de la letra. Así, en mayo, el plan del período estaba
por encima del 90 por ciento. La premura es enemiga grande de la calidad; 2) Utilizar en
toda la siembra semilla categorizada con todos los requerimientos técnicos, aliado
principal de la alta germinación; 3) Se hizo un balance de la fuerza de trabajo, se
llevó el máximo de habituales a la tarea lo cual dio posibilidad de crear pequeñas
brigadas especializadas, con hombres de experiencia y en muy contadas ocasiones se empleó
otro tipo de personal.
Oriol apunta que los movilizados son valiosos y de mucha ayuda, pero
dondequiera que se pueda deben utilizarse en otras labores y dejar la siembra para los
cañeros o, por ejemplo, los macheteros que al terminar la zafra siguen en la UBPC y
adquieren tantos conocimientos y habilidades como los propios habituales.
La siembra es la inversión mayor que hace una entidad cañera; unos
6 200 pesos por caballería. Además está en juego el futuro azucarero. Por eso preocupa,
cada vez con más énfasis, las pérdidas que se registren.
En el país fue del 16 por ciento. O sea, de las 11 913 caballerías
plantadas, cerca de 2 500 aparecen entre las perdidas. El costo económico de las unidades
involucradas está claro.
Durante el consejo ampliado del MINAZ, en Matanzas, Jesús Monzote,
delegado del Azúcar en La Habana, explicó lo que hizo su territorio para mejorar la
calidad de este proceso y poder cerrar la campaña con el registro menor del país en ese
índice: el 6 por ciento.
Lo señalado entonces se corresponde con los argumentos dados por
cañeros del Héctor Molina, central que por su programa grande, inclina la balanza a
favor o en contra. Quedó claro, ante todo, que en una labor así "meterse" en
etapas "pico" siempre es peligroso porque viene entonces la presión lógica por
el cumplimiento y hay que acudir a la masividad y su respetable secuela de violaciones
técnicas.
Es cierto que existe la urgencia de renovar los plantíos
maltrechos, de pobres rendimientos, convertidos ya en caguaso. Los planes de 27 000
caballerías anuales buscan acortar esa distancia y no demorar los incrementos hasta el
2002.
La reiteración de extensiones como estas puede evitarse si esas
siembras están acompañadas de poderosos niveles de germinación y población agrícola,
capaces de borrar del mapa cañero nacional las miles de caballerías
"fantasmas" que solo cuentan en la teoría y los papeles, pues apenas tienen
caña.
Hace muy poco el general de división Ulises Rosales del Toro,
ministro del Azúcar, al referirse a que hoy solo el 50 por ciento de los trabajadores de
las UPEC están vinculados directamente a la producción cañera, insistió en la
necesidad de agotar todas las variantes para llevar cuanto antes, a los campos, a no menos
del 80 por ciento del personal de esas entidades.
En este empeño es decisivo el accionar del Sindicato Azucarero y su
dirigencia de base. Creo, en lo personal, que el comienzo del final de esa batalla por la
calidad en la siembra, empieza precisamente por ahí.
Porque no siempre, como sucedió en la primavera anterior, la casi
totalidad de lo que perdió (al menos es lo informado) es responsabilidad de la sequía.
La calidad, como podrá observarse, tampoco cae del cielo. |