 Un episodio escandaloso
Elecciones en Miami-Dade

NICANOR LEON COTAYO
Las elecciones primarias efectuadas el primero de septiembre en el
condado de Miami-Dade arrojaron como resultado otro duro golpe para la imagen de la
titulada democracia representativa que existe en Estados Unidos, porque lo sucedido es
regla y no excepción.
En esa fecha se inició allí formalmente la época electoral, que
ahora sirvió de antesala a los comicios del tres de noviembre, cuando, al igual que en el
resto del país, habrá contiendas locales, elegirán al Gobernador del estado y los
escaños que les corresponden en el Capitolio de Washington.
En tales comicios los partidos Demócrata y Republicano del estado
de la Florida seleccionaron candidatos al Congreso para las elecciones del tres de
noviembre, al tiempo que localmente se disputaron otras responsabilidades.
El pronóstico fue que en la Florida solo concurriría a las urnas
el 22 por ciento de los votantes, pero en el condado Miami-Dade la cifra cayó al 13,8 por
ciento, hecho valorado como sin precedentes en la historia del territorio.
Según declaró a la prensa David Leahy, supervisor del Departamento
de Elecciones de ese condado, se trata de algo decepcionante, pues allí en los últimos
años el promedio de participación en las elecciones primarias ha oscilado entre un 30 y
un 35 por ciento.
En otro condado floridano, Palm Beach, la asistencia a los colegios
electorales fue aún inferior, 13,5 por ciento, mientras que en Broward alcanzó el 10,4
de concurrencia, a la vez que en todo el estado la presencia de los votantes hispanos no
sobrepasó el 17 por ciento.
Junto a lo anterior, el primero de septiembre solo fueron
depositados cinco mil sufragios ausentes, o sea, de personas muy ancianas o enfermas que
los hacen llegar a través de intermediarios, lo que representa menos de la mitad del
promedio reportado a lo largo de la actual década.
El hecho sucedió luego que en los comicios de 1997 para Alcalde de
Miami se descubriesen graves manipulaciones con los referidos votos, irregularidades que
fueron desde incluir a personas fallecidas, hasta otras que no residían en el distrito o
que, sencillamente, no habían hecho uso de la boleta.
Según datos oficiales, en el distrito 12 del condado Miami-Dade,
Miriam Alonso se enfrentó a tres contrincantes y la participación de los vecinos
alcanzó el 14 por ciento de asistencia, mientras que en el Distrito 107, en el que
Gustavo Barreiro encaró a dos rivales, llegó a las urnas el 18 por ciento de los
electores.
Al valorar lo acontecido, el periódico Nuevo Herald afirmó el
pasado tres de septiembre que entre sus causas están "el desencanto por el
desempeño de los políticos locales y la ausencia de verdadera contienda".
El alcalde de Hialeah, ciudad del condado Miami-Dade, Raúl
Martínez, en declaraciones publicadas por el Herald ese mismo día planteó en cuanto al
enorme abstencionismo que hubo en las recién celebradas elecciones primarias:
"Eso demuestra que el público está asqueado de los problemas
en política. Todos los que estamos en la vida pública, y me incluyo, tenemos que evaluar
lo que estamos haciendo", porque "la gente está desilusionada con lo que está
pasando, con los problemas de corrupción, los impuestos, las mentiras que dicen los
candidatos durante las campañas en los anuncios y en los programas políticos
pagados".
Muy significativo todo lo apuntado. No se trata de un caso
excepcional, es solo parte de un proceso que va desmoronando poco a poco la titulada
democracia representativa de la que tanto se ufanan Washington, su propaganda y sus
servidores.
Ello explica que en las elecciones primarias de Miami-Dade, donde
entre otras cosas los dos partidos tradicionales formalizan la selección de sus
candidatos al Congreso, casi un 87 por ciento de los votantes no se molestó en asistir a
las urnas.
¿Podría alguien concebir que sucediese algo similar en los
procesos electorales que tienen lugar en Cuba? La realidad indica que no. ¿La diferencia?
El sistema económico, político y social. La confianza en quienes dirigen el país. He
ahí el verdadero fondo de este marcado contraste. La explicación del porqué un
electorado confía y otro no.
Sin embargo, desde hace casi 40 años desde Washington nos han
tratado de imponer semejante modelo, siempre, entre otros, con el argumento de que en Cuba
no se llevan a cabo elecciones democráticas...
El reciente escandaloso episodio de las primarias en Miami-Dade
sirve para reafirmarnos en la justeza de nuestras posiciones, así como para afianzarnos
con mayor fuerza en la idea de no renunciar a nuestra alternativa y de llevarla adelante
sin la más mínima flaqueza. |