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 Alicia, la FEU, la historia

TONI PIÑERA
Cada día puede marcar una historia. Alicia Alonso comenzó a marcar
la suya cuando en 1943 sustituyó a la Márkova en Giselle. Mucho tiempo después, la
célebre bailarina y directora del BNC diría: "mi carrera artística y mi órbita
personal han sido luego largas e intensas en sucesos y emociones".
Alicia en una imagen tomada por un aficionado aquel día. Ayer, vísperas de
aquella jornada, la célebre bailarina recibió la medalla de oro del Círculo de Bellas
Artes de Madrid, galardón que desde 1948 premia las trayectorias artísticas más
brillantes de cada año.
De esa tarjeta personal, surge una fecha: 15 de septiembre de
1956, el año que a su vez entraría en la historia como el del desembarco del Granma.
Lejos de las luces del teatro, Alicia Alonso bailó aquella noche (hace hoy 42 años) en
el estadio de la Universidad de La Habana. Compartió indignación, pero también
esperanza con estudiantes, obreros, profesionales, artistas, amas de casa...
Una noche histórica se perfiló en aquel acto nacional de
desagravio a Alicia y al Ballet de Cuba, convocado por la FEU. Hubo repulsa a la dictadura
batistiana y respaldo para la decisión de la artista: "No bailar en la Isla mientras
el pueblo sufriera tiranía". Con 42 años de por medio -y en este del aniversario 50
del BNC-, Alicia recuerda el instante: "Fue algo muy emocionante. Fue un acto masivo
y después de bailar, cuando Fructuoso se dirigió a hablarles a todos, alguien me dijo:
`acércate a él, cúbrelo'. El estaba en la clandestinidad y se apareció allí. Fue
valiente. Pero nadie sabía qué podía ocurrir".
Alicia bailó La muerte del cisne. El breve diálogo con la
bailarina cubana transcurre en la histórica casona colonial, sede del BNC en el Vedado,
poco antes de partir a la gira por Europa donde aún se encuentran. ¿Por qué ese ballet
aquella noche? "No era fatalismo lo que sentíamos, sino tristeza. Estábamos
seguros que aquello no era el fin del ballet, sino el principio de lo que viviríamos
después". En la vida -acotó con fuerza- nunca he perdido la esperanza. Tampoco
aquella vez. |