| CULTURALES |
Danza
El árbol: doble imagen finisecular
Jorge Ignacio Pérez
Parece que fue ayer, pero fue hace diez años que la bailarina y coreógrafa Marianela Boán presentó sus credenciales como directora de Danza Abierta, una agrupación que en este tiempo ha sabido distinguir sus formas dentro del contexto cubano profesional y, siendo más específicos, dentro de los caminos de la llamada danza-teatro, especialidad notablemente al uso en nuestros escenarios.
Con el reciente estreno de El árbol y el camino, montaje que lamentablemente tuvo en cartelera solo tres funciones el último fin de semana, en el Mella, la Boán se apunta un título referencial para la hora de hablar sobre los lenguajes de la danza.
Se trata de un ballet contemporáneo no sólo en tanto la forma, sino también por los problemas que plantea: degradaciones de la comunicación humana, de la ética social en pleno contrapunteo con el desarrollo tecnológico alcanzado por el hombre; planteamiento circular sobre cómo ha sido el desarrollo humano y sus diferentes estadios, y un no menos importante asunto que es el desgaste del sistema ecológico del planeta, simbolizado aquí mediante el árbol.
Pero el árbol será una metáfora más amplia y expedita en su doble significado: también funciona como colgante. En este último sentido será abrigo, pertenencia, incluso una prolongación del hombre. Es por ello que ese árbol o colgante será el partenaire de cada bailarín y, en ocasiones, la línea narrativa de la obra permite desdoblar ese objeto en variada utilería.
La puesta tiene el mérito de comunicar perfectamente la historia contenida -que no es poco lo que dice-, algo no tan frecuente si pensamos en ese notable nivel de abstracción al uso en los lenguajes extraverbales de la danza-teatro nacional; esto al margen de los niveles técnicos de interpretación.
En El árbol y el camino, puesta correctamente ambientada con el telón de fondo, los seis colgantes (léase también la situación de estos en el escenario) y un vestuario sugerente, la excelente banda sonora -ya sea en vivo o grabada- será un personaje protagónico. No solo por la música que compuso el joven Equis Alfonso, sino además por precisos efectos y por ese fabuloso coro afro asumido por los propios bailarines.
Es una lástima que el opening reduzca el impacto encantador y pensante del espectáculo. Se entiende que quiso darse la idea de un punto de partida realista -un ensayo del grupo, un hecho cotidiano- para entrar en ese "viaje" circunstancial acerca de la vida del hombre, pero el opening no encaja, ni siquiera aceptándolo como una ruptura estética. Hay signos -y la obra los tiene muy buenos- que no necesitan redondeos.
(Bailarines de Danza Abierta: Maylín Castillo, Danay Hevia, José A. Hevia, Julio C. Manfugás, Grettel Montes de Oca y Alexander Varona).