Industria Ligera

Cuando restar significa sumar

De 25 766 trabajadores interruptos un lustro atrás, este año solo quedarán 1 300, lo cual muestra la recuperación de un sector, hoy en fase de desarrollo

IRAIDA CALZADILLA RODRIGUEZ

Dice Domingo García que el susto mayor de los últimos diez años se lo dio el día que la fábrica de calzado donde trabajaba cerró por falta de materia prima.

Era la primera vez que en estos años de Revolución, parecían tocarse el cielo y la tierra, pues no era cuestión de un barco atrasado en el mar y a punto de llegar de un momento a otro: "Entonces la cosa se veía bien fea, porque de la Unión Soviética, chirrín-chirrán".

Y aunque esa noche no durmió pensando en cómo estirar el salario de la esposa para las cuatro bocas del hogar, Domingo García sabía que no iba a quedarse en la calle. Ya le habían hablado de un por ciento de sus entradas que recibiría mientras estuviera interrupto y que, en la medida de las posibilidades, se irían buscando soluciones de reubicación.

El caso de Domingo García quedó resuelto y, como el de ese trabajador, el de miles de la Industria Ligera. Para el 2000, debe quedar resuelto el problema de las interrupciones a tiempo completo.

Eso fue en 1993, cuando 25 766 trabajadores de la Industria Ligera -el 38 por ciento-, quedaron sin empleo, fundamentalmente por la ausencia de materias primas, procedentes en un 90 por ciento del otrora campo socialista.

Y aunque el caso de Domingo García no fue el peor al llegarle la reubicación laboral unos meses después, el sector ha ido arrastrando volúmenes apreciables de obreros interruptos, hasta ir concentrando las dificultades en algunos centros puntales, a partir del proceso de reanimación iniciado en 1994.

LA LIGERA, 1998

Para el segundo semestre de este año, la Industria Ligera dará un paso mayor en la solución del problema de los trabajadores que quedaron sin empleo.

De los 2 992 en esa situación al cierre de diciembre del pasado año, 1 692 obtendrán nuevos puestos laborales. Las ofertas serán, en lo fundamental, en una fábrica de sandalias playeras y otra de tenis que se abrirán en la Textilera Celia Sánchez Manduley, de Santiago de Cuba; en la de gorras y maletines en instalaciones reconvertidas que pertenecían al Combinado Poligráfico Juan Marinello, de Guantánamo; y en la modernización de Sakenaf I, en Villa Clara, para producir sacos de polipropileno destinados a envases.

Al resto de esa fuerza se le irá encontrando soluciones en la medida que avance la reanimación de la industria y, para el año 2000, debe quedar sellado el conflicto que hoy tiene su nudo central -hablando en términos de interrupciones a tiempo completo-, en la Celia Sánchez, Sakenaf I y el Juan Marinello.

PASOS EN UN QUINQUENIO ARDIENTE

Rodolfo Martínez, director de Perfeccionamiento Empresarial del MINIL, abunda en el tema del reordenamiento partiendo de que, en estos cincos años en los cuales se atravesó una dura crisis y después se inició el camino de la recuperación, el sector no ha dejado de crecer en fuerza de trabajo necesaria para los nuevos empeños de una industria, hoy en fase de desarrollo.

Casi 9 000 personas fueron reubicadas en el proceso de perfeccionamiento y, de ellas, unas 2 000 han sido recalificadas. Se acometieron, además, inversiones para mejorar el flujo productivo, se establecieron asociaciones económicas, introdujeron nuevas tecnologías que modernizaron muchas fábricas y se ha ido progresando en la mentalidad de un productor preocupado por dar una oferta competitiva en su relación calidad-precio-entregas a tiempo.

Para llegar a los actuales niveles de ocupación de la fuerza laboral, las principales acciones se dieron también en el incremento en la participación en el mercado, en elevar la eficiencia en la gestión económica y mejorar el sistema empresarial.

No bastó el deseo de querer ofrecer puestos de trabajo. La base económica era necesaria y para ello se acometió el redimensionamiento de la rama textil y el reordenamiento de las de la gráfica, confecciones, calzado, jabonería y perfumería, muebles y plástico.

Junto a ello, se flexibilizó la producción en cuatro grandes fábricas de calzado y se introdujo el concepto de isla (pequeños talleres con entregas de productos completos) en ocho centros de confecciones, así como la apertura de 15 establecimientos para la fabricación de nuevos surtidos.

Los ingresos por participación en los mercados de las tiendas recaudadoras de divisas, los suministros para insumos e inversiones del turismo y el de la exportación, han traído moneda libremente convertible fresca, la cual decididamente ha incidido en esta reapertura de puestos laborales.

Hoy, según señaló Rodolfo Martínez, las producciones del MINIL representan el 50 por ciento de las ofertas nacionales en las TRD.

EL 2000 TOCA A LA PUERTA

La producción de la Ligera en este período ha crecido a un ritmo promedio anual del 12,2 por ciento, lo cual hace prever que en el 2000 se alcanzará el 75 por ciento de los valores de 1989, etapa de relativa bonanza en el sector. En comparación con años de profunda depresión, significará duplicar las realizaciones de 1993, con una estructura cualitativamente superior a las de referencia.

Ello repercute económicamente de la siguiente manera: si en 1994 la industria solo se financiaba en un 12 por ciento, el pasado año lo hizo en un 83 y, con la entrada del venidero milenio, del Estado nada más recibirá el cinco.

En materia de cifras, las proyecciones están en alcanzar 25 millones de dólares por concepto de exportaciones, 150 por ventas en el mercado interno en divisas y 50 en específicos destinados a los insumos e inversiones del turismo.

¿Deficiencias? Todavía persisten. Aún dista de alcanzarse la calidad deseada en todos los renglones, se requiere de mejores estudios de mercados, de posicionamiento de la oferta en el exterior, bajar la relación costos-precios, elevar la eficiencia en sus múltiples especificidades y redoblar los controles y la disciplina, por citar las de mayor premura en su solución.

Pero lo cierto es que en este quinquenio de pruebas, la Industria Ligera supo no solo "sacar la nariz" y respirar en medio de las dificultades económicas, sino proyectarse hacia el desarrollo.

Bien sabía Domingo García que "aunque el zapato aprieta", la Revolución no iba a dejar la solución de miles de trabajadores sin una adecuada respuesta.

 
 
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