 Centro-Caribe
de Maracaibo
Entre protagonistas

OSCAR SANCHEZ
CUANTAS VECES no hemos visto un
niño que diga yo soy Javier Méndez, Savón, Sotomayor o
Ana Fidelia. En su mundo de fantasía, donde todo es
posible, han sentido ser aquellos.
Pero también a nosotros, los
adultos, nos late el corazón cuando estamos ante la
pantalla televisiva o en las gradas tras una carrera o un
electrizante partido. No son pocos los momentos de
éxtasis que se viven.
El cubano es un pueblo de tanta
cultura deportiva que cualquiera, sea o no trabajador del
deporte, ve a los atletas dentro de su espacio familiar.
En las peñas se refieren a ellos como si los conocieran
de toda la vida, lo mismo para renocerles una actuación
que para señalarles un error.
Ahora estamos cerca de los Juegos
Centroamericanos y del Caribe, que se celebrarán el
próximo mes de agosto en la venezolana ciudad de
Maracaibo, y aunque el motivo no debe ser ocasional, sino
su propia presencia en el barrio, vale un acercamiento
más profundo.
Pero más que una despedida o un
hasta luego y desearle éxitos, hay que llegar a ese
vecino, al vecino deportista. Que el niño, el joven o el
más viejo, sea testigo de momentos históricos en los
cuales las anécdotas de los grandes escenarios
deportivos lo apasionen, y que al propio tiempo el
campeón sienta lo mismo al contarlas a la gente de su
barrio.
La cuadra tiene que "colgarse
el cartelito" de cuadra Centroamericana y del
Caribe, mas el hecho no puede ser solo físico por que
allí viva alguien de la delegación cubana, tiene que
contagiar, sentir orgullo. Ese ambiente también
compromete con la patria chica que es cada barrio.
Cuba es una gran familia, soporte
de los grandes triunfos de la Revolución, y la cultura y
el deporte no le son ajenos. A las estrellas se les puede
tocar con la mano en una sociedad como la nuestra, sin
necesidad de actos ni parafernalias protocolares, sino
con la forma de ser del cubano, compartiendo un café en
el portal o simplemente en una de esas tertulias en la
esquina de la casa.
Ya tenemos noticias cederistas
holguineras, espirituanas, matanceras y pinareñas de
estos acercamientos. Nos contaban que el pinareño
Lázaro Chica, uno de los entrenadores de la selección
masculina de judo, conversó en su barrio de
posibilidades y pronósticos de los judocas en Maracaibo.
No olvidemos que todo lo que
hagamos allí es entre protagonistas. Por un lado el
deportista y por otro un pueblo, que además de conocedor
también ha hecho posible, y merece, esos grandes
éxitos.
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