 Historia gráfica de Massaguer

Toni Piñera
La obra del célebre dibujante,
caricaturista y editor Conrado Walter Massaguer
(1889-1964), quien forma parte de una época de la vida
cotidiana cubana que tanto iluminó con su trazo firme y
aguda mirada, está expuesta en la sala transitoria del
Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana Vieja.
La
armonía de tonos y poses, la recreación de detalles y
un elegante humor conforman el quehacer gráfico del
maestro Massaguer.
Alrededor de 40 dibujos y
caricaturas pertenecientes a los fondos de la Oficina del
Historiador de la Ciudad de La Habana,
"respiran" en esas paredes, para acercar a las
nuevas generaciones el estilo novedoso de quien creó una
escuela en la caricatura y dejó una estela de cubanía
en las páginas de los diarios y revistas más
importantes de la Isla, y más allá de sus fronteras:
Estados Unidos, Italia, Francia e Inglaterra.
Como motivo de la fundación de la
cátedra Conrado Massaguer, en la Universidad de La
Habana se abrió esta muestra del excelente comunicador
social, quien no solo se distinguió por su habilidad
creativa, sino por la fina ironía y el humor que
transmitía en sus dibujos.
Oriundo de Cárdenas (Matanzas),
desde muy pequeño Massaguer se trasladó a Yucatán
(México) con su familia, adonde llegaron muchos cubanos
en esa época, obligados por la guerra contra España.
Allí, siendo un adolescente, inició su carrera de
caricaturista en el periódico La Campana, y en 1909
comenzó a publicar sus imágenes en el periódico cubano
El Mundo, donde trabajó durante más de 40 años.
Massaguer, quien en su fructífera
carrera organizó el Primer Salón de Caricatura de
América (1911) y fundó las revistas Gráfico (1913) y
Social (1916), no estuvo al margen de los problemas
políticos de su época, y en los años 30, durante la
tiranía de Machado, se unió a los jóvenes
revolucionarios. A causa de sus caricaturas tuvo que
marchar a Europa.
Páginas del vasto libro que creó
Massaguer, donde vibra la intuición periodística y el
sentido de cubanía, están a la vista de todos en la
institución habanera. Imágenes-historias de la época
que le tocó vivir, relatos y anécdotas, personajes y
gente que conoció.
La gracia fina del humorista fluye
en sus dibujos "vistiendo" algún detalle o
atributo complementario. Lo que no expresa a veces la
figura lo dice un pequeño dibujo a lápiz, un libro, un
rostro que hace fondo, una viñeta insignificante en
segundo plano. Todo ello matizado con el dominio del
oficio, trasmitiendo buen humor con elegancia.
|