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 Vincular la escuela, la
biblioteca y la comunidad
Para que el libro viva

Pedro de la Hoz
Un libro vive cuando es fértil
semilla en el espíritu del lector. Pero para hacer
realidad esa cosecha, se requiere sembrar avidez por la
lectura en edades tempranas, inducir ese imprescindible
ejercicio intelectual desde la escuela. Eso lo saben los
maestros y bibliotecarios cubanos. La cuestión radica en
hallar los caminos prácticos, en desbrozar dificultades,
en realizar la experiencia.
Con la mirada puesta en la apertura
de tales horizontes y sobre la base de superar y
contrarrestar las limitaciones actuales, se reunieron la
casi totalidad de los bibliotecarios escolares de las
provincias habaneras, colegas de otras provincias y del
sistema de bibliotecas públicas, maestros y dirigentes
de los ministerios de Educación y Cultura en un debate
que definió iniciativas enriquecedoras.
Todos coincidieron en que solo se
podrá avanzar cuando los vínculos entre escuela,
biblioteca y comunidad se fortalezcan y fluyan
orgánicamente. El maestro, como principal promotor de
los hábitos de lectura, debe ser un buen lector, lo
mismo que el bibliotecario; de ahí el énfasis que cada
vez se va haciendo mayor en la preparación de los
docentes y los técnicos de bibliotecas en los institutos
pedagógicos y los centros de formación. La comunidad
puede ofrecer el concurso del movimiento intelectual
-escritores, artistas, profesionales- de cada territorio,
motivar la cooperación y concitar el interés de las
familias (Una anécdota reveladora dio cuenta de cómo en
una escuela secundaria, ante la necesidad de que los
alumnos leyeran Cecilia Valdés, ese clásico
imprescindible, un grupo de padres prestó ejemplares de
sus colecciones privadas para rotarlos entre los
estudiantes). Las instituciones culturales de la
comunidad deben apoyar a la escuela, a las bibliotecas
escolares y servir de escenarios idóneos para toda
iniciativa útil relacionada con el Programa Nacional de
la Lectura.
Estos conceptos resultan doblemente
decisivos en momentos caracterizados por insufiencias
materiales; de manera que los recursos disponibles puedan
aprovecharse óptimamente y a partir de una
jerarquización muy precisa, como explicó Abel Prieto,
ministro de Cultura, al abordar los esfuerzos que se
vienen realizando para reanimar los fondos de las
bibliotecas públicas, garantizar que los títulos
financiados por el Fondo para el Desarrollo de la
Educación y la Cultura lleguen al menos a las
bibliotecas provinciales, de los pedagógicos y los
centros de documentación de las direcciones de
Educación, así como algunos de los departamentos de
Literatura Infantil y Juvenil, tal vez las áreas que con
mayor rigor han sufrido las escaseces de los últimos
años.
Ya está en marcha un programa de
acciones conjuntas que deben aportar soluciones a corto y
mediano plazos: las bibliotecas públicas del sistema del
Ministerio de Cultura apoyarán a las bibliotecas
escolares en la reparación de libros, en la circulación
de determinados fondos, en el funcionamiento de las aulas
martianas; ambos ministerios diseñarán mecanismos para
la superación específica y la sistemática
confrontación profesional de maestros y bibliotecarios.
También se coordinarán horarios de servicio y
convocarán concursos que estimulen la lectura y
contribuyan al enriquecimiento de conocimientos entre
niños y jóvenes.
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