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El Menéndez que yo conocí
Testimonio de Cándido Terry, amigo personal
y compañero de luchas sindicales del General de las Cañas
RAMON BARRERAS FERRAN
Jesús Menéndez nació en el centro de su
Isla y allí se le descubre desde el mar, en
los días claros cubierto de nubes fijas.
Jesús Menéndez era un hombre de partido. Su constante batallar inspiraba a todos los trabajadores del país que lo distinguieron como líder indiscutible del proletariado. Su entrega total y desinteresada solo pudo ser interrumpida por la muerte a manos de un asesino a sueldo ajusticiado por la Revolución de Jesús. "Las cañas iban y venían/ desesperadas, agitando/ las manos", escribió el poeta, conmovido por su caída en Manzanillo.
¿Pero acaso dejó de existir? Su ejemplo está junto al quehacer de cada día en los ingenios del país y su ejemplar vida ocupa sitio permanente en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo personalmente o a través de la enseñanza de la historia.
Cándido Terry, un viejo negro, nacido en Cruces, en la provincia de Cienfuegos, que fue dirigente sindical en los centrales azucareros de la región, estuvo -y aún está, según confiesa-, muy cerca del General de las Cañas.
De hablar pausado y memoria clara a la altura de sus 84 años, Candito, como lo conocen todos, apartó un día a un lado las muletas que ahora le ayudan a medio andar, y dio riendas sueltas a los recuerdos e impresiones para hablar del Jesús que él conoció.
"Lo vi por primera vez en el centro regional obrero de Cruces, que estaba frente a la emisora que era patrocinada por la famosa Casa Virgilio. Allí estaban agrupados todos los sindicatos: el de los azucareros, el de los trabajadores agrícolas, el de los comerciantes... Jesús venía a reunirse con los dirigentes y después recorría los centrales. Recuerdo que casi siempre había que recolectarle el dinero para el regreso y que dormía sin comodidad alguna donde lo cogiera la noche, encima de un buró o en el sitio que encontrara... así era de sencillo ese gran hombre".
A Candito no se le olvida el día que el líder azucarero llegó al central Andreíta (hoy Mal Tiempo) y sintió que convocaban a los obreros al trabajo con el toque continuo de una campana. "Eso lo puso muy molesto..., y mandó a quitarla. Enseguida le hicieron caso, él decía que los toques de campana eran para llamar a los esclavos y que los trabajadores cubanos no eran ni serían esclavos de nadie".
Menéndez tenía un liderazgo singular entre los obreros y el pueblo. Candito lo atribuye a sus cualidades de hablar claro, sin miedo, y "porque siguió siendo humilde, porque jamás olvidó su origen".
Candito fue secretario general del Sindicato de Trabajadores Azucareros en el central Catalina (hoy Carlos Caraballo). Esa responsabilidad le dio la posibilidad, de la cual está muy orgulloso, de conocer muy de cerca a Jesús. "Siempre lo vi como a un guajirito acabado de salir del campo, con una ropa, unos zapatos y un sombrero muy modestos, sin dinero, pudiendo tener mucho, valiente, decidido, con mucho prestigio entre todos", recuerda.
Del asesinato de su compañero y amigo supo en su casa, por una trasmisión de la emisora 1010. "Ese fue un golpe muy duro para mí. Es como si hubiera perdido un hermano. Fue un acto cobarde, bajo... mataron a un hombre tremendo. Enseguida que lo supe fui para el Partido a buscar orientaciones y paralizamos el trabajo durante diez minutos, y dimos actos y mítines".
Asegura Candito que en muchos sueños Jesús está presente. "Lo veo en la lucha..., igualito, igualito, al lado de Fidel, ayudando a que la Revolución avance".
Y lo piensa vivo. "Estuviera aportando su gran experiencia y se sentiría muy contento de lo que ha logrado el movimiento obrero desde el 59. El combatió mucho por la unidad de los trabajadores y esa unidad la tenemos ahora más fortalecida que nunca".