CULTURALES

Sano remedio

Otra nueva del
teatro para niños


Jorge Ignacio Pérez

No son pocos los que, atentos al quehacer de la vida teatral de hoy, sitúan el trabajo para niños como un movimiento fortalecido a la vuelta del tiempo, diverso en su gama de expresiones y a la vez presente con absoluta regularidad en las carteleras de la escena nacional.
Ya a estas alturas no supone descubrimiento alguno, señalar la valiosa llegada de decenas de jóvenes al teatro para niños, ya sea desde las escuelas de arte -que cada vez suman más egresados- o en otros casos por la influencia de la tradición familiar o de algún maestro cercano.
Lo cierto es que convergen los pinos "viejos" y los nuevos en un panorama artístico cuya ejecución, mayoritariamente, va quedando en manos de los bisoños, mientras los maestros, experimentados al fin, se dedican a observar y a enseñar.
Con el uso del retablo todavía vigente, aunque este recurso haya pasado por etapas "desaprobatorias" para finalmente quedar a merced de la libre elección del creador, el trabajo para niños no ha dejado de ser el hijo menor de la escena teatral en sentido general. Según se muestra en estos últimos años, no obstante, siempre aparece como una categoría o apartado de los festivales de las tablas. Pero no cabe duda de que ha ganado terreno en cuanto a su profundidad de contenidos y formas.
La reflexión anterior viene a propósito del reciente estreno, en Santa Clara, de la obra Bicho malo en el pozo, a cargo del grupo de guiñol de Remedios. Inspirada en el conocido patakín de los ibeyes y el diablo, la obra resulta un reto a la imaginación de los niños y esto en buena medida de debe a su composición dramatúrgica, nada parecida a aquellas historias en las que se buscaba una moraleja con la simple contraposición entre El Bien y El Mal.
Aquí los jóvenes hermanos Galbán -Miguel Angel y Fidelito, hijos del fundador del teatro de guiñol de Remedios hace ya 30 años, Fidel Galbán- no solo utilizan su gran parecido físico dentro del juego escénico, sino ofrecen un espectáculo de constantes desdoblamientos y manipulación de muñecos que, de no estar atento, el espectador pudiera perderse en una bruñida narración.
Esto, significa, además, un reto para los actores, pues con gran limpieza de movimientos y sin retablo escenifican tanto a los ibeyes jimaguas como a varios personajes que rondan la historia. Para mayor complejidad, proponen un trabajo vocal en directo esquivando el convencionalismo de la música grabada.
Como mismo sucedió a raíz del estreno, esta obra traerá algunas controversias por sus "códigos difíciles para el nivel de aceptación de los niños", según se atrevió alguien a adelantar.
En espera de una respuesta que solo darán los infantes en sucesivas funciones, vale la pena una mención a este propósito de hacer teatro desde la incontinencia juvenil, desde un municipio "de provincia" y dentro de un gremio nacional de teatristas que va en punta.

 


|Home|Internacionales|Nacionales|Deportes|Cultura|