ABRECARTAS

A cargo de Guillermo Cabrera Alvarez

Provengo de un hogar revolucionario y soy militante de carné y de corazón, por lo que desde pequeña cada vez que mi madre o mi abuela hacían una donación voluntaria de sangre (mi abuela tiene el Sello de 30 donaciones), veía reflejado en sus caras el orgullo de haber cumplido con un deber, por lo que el mismo día en que cumplí 18 años (edad mínima para donar), realicé la primera.

En esa ocasión fui captada por el Banco de Sangre de Plaza, pues mi grupo sanguíneo (AB negativo) es muy escaso y necesitaban tenerme controlada para la reserva, y sobre todo, para necesidades específicas.

Ser donante especial implica que solo puedo hacerlo a solicitud de ese Banco, y tiene la ventaja de que en caso de necesitar una donación para mí o mi familia allegada, ellos me la proporcionan.

He realizado desde entonces 13 donaciones. Solo en dos ocasiones no lo hice: una porque tenía la hemoglobina baja y la otra por avanzado estado de gestación.

Me ha llamado la atención de que a pesar del interés del MINSAP y del país por mantener una reserva importante, no existe atención hacia nosotros. Incluso indagué y me dijeron que en el período especial la cifra disminuyó considerablemente. ¿Por qué no estimular a quienes nos mantenemos firmes? Una postal por el Día de las Madres, por el Aniversario de la Revolución, un reconocimiento por el Día de la Medicina.

Un donante voluntario de sangre no espera beneficio material, porque el orgullo de donar es superior a cualquier otra ventaja, pero qué bueno que se reconociera su labor.

En una ocasión solicité hablar con la Directora del Banco para plantearle esta preocupación y la secretaria me dijo que estaba reunida, esperé un rato y me marché, lo cual no impidió que siguiera donando.

Supongo que muchos (realmente muchos) son los que aspiran a ver en su sección su problema publicado. Yo aspiro a que atiendan mis inquietudes los organismos competentes. (Leticia Lezcano Aguilera, Santos Suárez, Ciudad de La Habana)

Un ejemplo del desinterés de tu noble acción es el hecho de que no sepas cuánto se estimula a los donantes. Sucede que la mayoría es captada por los Comités de Defensa de la Revolución y no por los Bancos de Sangre, como ha sido el caso particular tuyo.

Quien te dijo lo del descenso de donaciones por el período especial, está muy mal informado. Es todo lo contrario. Cuba alcanzó, en 1997, la impresionante cifra de una donación por cada veinte habitantes. ¡Y voluntariamente!, porque en el mundo la sangre es una mercancía. Esa es la aspiración que tiene la Organización Mundial de la Salud para los países altamente desarrollados en el año 2000.

De 1962 (fecha de inicio de esta idea) a 1965, solo se brindaron 66 718 brazos. De 1991 a 1995 (años estrictamente de período especial) el número de venas abiertas a la solidaridad ascendió a ¡2 425 883!

Tu abuela tiene el Sello de 30 donaciones. Los hay de 20 y también de 50 y 100. Los Comités de Defensa de la Revolución, en coordinación con el Ministerio de Salud Pública, tienen establecido en todo el país un sistema de estímulo y mantienen la atención de los donantes voluntarios en su propia cuadra.

La donación es, principalmente, un movimiento de masas. Para estimularlo, en medio de las dificultades existentes, y conscientes de que su gesto resulta impagable, el MINSAP destina unos 20 000 dólares anuales para la impresión de los estímulos.

Como tu aspiración es que los organismos competentes atiendan tu inquietud, traslado tu carta a la Coordinación Nacional de los CDR. El otro tema que planteas, sobre las canastillas, ya fue abordado en esta columna y todo parece indicar que sigue igual.

Escríbanos:

Sección Abrecartas
Periódico Granma
CP 10699

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