Angola

¿La paz que nunca fue?

ELSON CONCEPCION PEREZ

LA percepción evidente es que Angola aún dista de encontrar una paz verdadera dentro de sus amplias fronteras, y que todo el proceso de la guerra interna que allí se libra entre las fuerzas opositoras de la UNITA y las del gobierno, no ha logrado resolverse a través de negociaciones.

Y es que han pasado cuatro años desde los Acuerdos de paz de Lusaka, cuando Jonas Savimbi se comprometió con la comunidad internacional y con las autoridades de su país, a decir un adiós a las armas e incorporarse por la vía pacífica a la vida política de esa nación africana.

Este acuerdo, como otros anteriores, tampoco fue cumplido y la UNITA siguió su juego a la guerra. Combates, emboscadas y asesinatos perpetrados por ese opositor, opacan los nobles esfuerzos del gobierno y el pueblo angolanos encaminados a encontrar la paz, transitando por el sendero de la guerra.

Termina 1998 y la UNITA mantiene unos 30 000 hombres bajo las armas, ocupa ricos territorios, fundamentalmente productores de diamantes, y continúa recibiendo apoyo logístico del exterior.

La víspera, los integrantes de ese bando derribaron un avión civil, donde viajaban niños y mujeres, en la ciudad de Cuito, que mantienen sitiada por más de 5 000 hombres y numerosos medios de combate.

Y si con eso no bastara, los seguidores de Savimbi apresaron y secuestraron a 14 miembros del cuerpo de la ONU encargado de verificar el cumplimiento de "los acuerdos de paz", que tras una larga espera fueron liberados.

En este engorroso proceso donde la ONU pretende jugar un papel protagónico en busca de una paz que nunca llega, el organismo mundial se ve en dificultades para exigir a los interlocutores de la UNITA que se sienten en la mesa de negociaciones, pues una escisión en el seno de la jefatura de Jonas Savimbi, ha arrinconado aún más un diálogo lleno de incertidumbres, esperas, falta de acciones, y violaciones.

Además del daño interno que provoca esta prolongada guerra, la ONU ha visto deteriorado su prestigio como mediadora, incapacitada de hacer respetar lo pactado en Lusaka; y los estados garantes -Rusia, Estados Unidos y Portugal-, que mucho hicieron porque se llegara a las tratativas gobierno-UNITA, pero que, una vez incumplido, poco o nada han podido aportar para cimentar el camino hacia una paz verdadera.

En los últimos días, decenas de despachos noticiosos llegados desde Luanda y otras capitales africanas, reflejan un sentimiento de frustración e incertidumbre en torno al conflicto angolano.

Los acuerdos de Lusaka parecen haberse engavetado, y cuatro años después se muestran solo como referencia de lo que fue y no es.

Unos 3 720 millones de dólares, procedentes de la extracción de diamantes, han financiado las actividades de la UNITA desde 1992, según se informó en Londres. La organización maneja el 70 por ciento de la extracción de diamantes en Angola, cuyo comercio internacional genera inmensas ganancias que le permiten abastecerse de un avanzado arsenal y continuar sus actividades, dice un despacho de la agencia EFE.

El gobierno de Luanda, por su parte, ha reiterado su interés de salvar la negociación y el proceso de paz, es decir, que la UNITA se desarme, entregue los territorios bajo su control al gobierno central y se incorpore a la vida política de la nación.

Sin embargo, aguardando a que la paz "llegue" a Angola no es posible esperar indefinidamente, y quizás por ello se ha reportado que Kofi Annan puso como tope el mes de febrero para que las fuerzas de vigilancia de la ONU permanezcan en Angola; y más recientemente, se reportaron movimientos de fuerzas militares gubernamentales hacia la región central del país.

Pienso que el año 1999 pudiera resultar determinante para encontrar la paz que nunca ha disfrutado y que el pueblo angolano se merece, si la acción mancomunada de la comunidad internacional y los países garantes brindan un apoyo firme a las autoridades angolanas en su empeño por salvar el proceso de paz.