La familia de Don Porfirio creció con los cubanos.

Estelí, Nicaragua

La familia de Don Porfirio

ORLANDO ORAMAS LEON
Enviado especial de Granma

CUANDO los cubanos se vayan de su casa, Don Porfirio los va a extrañar. Lo dice sin el menor sonrojo en su rostro surcado por las líneas de una vida que ronda los 80 almanaques y en la cual se ganó el título popular de líder del barrio José Benito Escobar, en la norteña ciudad de Estelí.

En sus calles polvorientas se destacó durante la lucha contra la dictadura somocista. Ahora, en el supuesto sosiego que significa el retiro, Porfirio Herrera hizo valer sus prerrogativas para llevarse consigo a la brigada médica que integran Pablo Lorié Expósito, epidemiólogo de Las Tunas; la licenciada en enfermería Dennis Ricardo, holguinera que atiende en Tarará a los niños de Chernobyl, y el especialista en medicina general integral, Miguel Gómez, director de la Cruz Roja pinareña.

lu4-9.jpg (6975 bytes)El epidemiólogo Pablo Lorié previene a la población contra enfermedades como el paludismo, dengue y la leptospirosis, con incidencia en la zona.

La casa se transformó con el arribo de los brigadistas. El ejército les plantó la casa de campaña en el jardín, y del otro lado se improvisó una consulta con salón de espera. Porfirio da la bienvenida a cada paciente en el portal, y una de sus nietas, libreta en mano, apunta los nombres y los hace pasar al llamado del doctor.

La imagen recordaría cualquier consultorio de la familia en Cuba, con la diferencia de que en Estelí están atendiendo a un promedio de 90 o más pacientes por jornada y algunas de las dolencias y enfermedades diagnosticadas no son comunes de encontrar en la patria.

"Hay días que se apuntan 160 personas y trabajamos hasta la noche. A algunos debemos decirles que regresen al otro día por la falta de luz y el cansancio", relata Miguel, un negro alto y joven que se ha ganado a la gente por su entrega y la forma cariñosa y educativa con que atiende a sus pacientes. El hace un binomio perfecto con Dennis, la enfermera, y de ello dan fe los rostros de quienes abandonan la consulta medicamento en mano y la esperanza de un pronto restablecimiento.

lu4-10.jpg (8164 bytes)El doctor Miguel Gómez atiende un promedio de 90 pacientes cada día.

Mientras esto ocurre en la casa, Expósito, el jefe del grupo, recorre los barrios adyacentes, donde la leptospirosis cobró varias vidas. "Cuando las inundaciones la gente tomó agua de una poza que utilizaban los animales. También por la falta de agua potable hubo gente que se bañó o usó agua del río y se contaminaron con la leptospira. El ejército realizó una campaña con el Bio-rat cubano y aunque se cortó la epidemia mantenemos la vigilancia y prevención".

Juntos visitamos varias casas, todas muy humildes, en las que niños famélicos ayudan a preparar la tortilla, plato básico preparado con maíz que cuecen en hornos improvisados sobre ladrillos. La mayoría de estas familias vinieron a la ciudad en busca de oportunidades, pero la pobreza persiste en acompañarlos.

ELLOS SON DE LA FAMILIA

"Los médicos ya son de mi familia", me dice Don Porfirio en una sobremesa luego del almuerzo en el que la Doña se esforzó por hacer frijoles a la cubana. "Ellos son muy respetuosos y tienen el cariño y agradecimiento del barrio", comenta mientras una de sus hijas aprende a usar una cafetera recién enviada a la brigada desde Managua para que puedan degustar el café bien tinto y en taza pequeña.

lu4-7.jpg (8045 bytes)El médico Miguel y la enfermera Dennis hacen una buena combinación y se han ganado el afecto de la gente.

Primero los tres brigadistas dormían en un mismo cuarto, pero hubo que improvisarle un cubículo aparte a Dennis porque uno de los cubanos, a quien prometí no identificar, es bien bueno en el arte de roncar.

De más está describir la armonía y el hermanamiento que unen al trío, de quienes no me pude despedir porque las autoridades de salud les autorizaron a llamar a sus parientes en Cuba. Fueron alborozados y quizás no se dieron cuenta de que Don Porfirio quedó algo triste, como anticipando el adiós de quienes, de la forma más natural y cotidiana, sembraron solidaridad y recogieron amistad.