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Festival de Teatro de Camagüey

La diversidad se impone

Jorge Ignacio Pérez

CAMAGÜEY.-Abierta la séptima edición este último fin de semana, el Festival Nacional de Teatro ha logrado hasta el momento un buen balance visual, toda vez que aquí están reunidos los principales colectivos teatrales del país y el programa, por ende, ofrece una amplia muestra de especialidades escénicas.

Los grupos Andante, de Bayamo, y Mirón Cubano, de Matanzas, protagonizaron en zancos el desfile inaugural con un pasacalles muy expresivo que enriqueció, digamos, el sentido ambiental de esta añeja ciudad.

De las obras dramáticas en concurso que han salido al ruedo, Las rosas de María Fonseca, del autor cienfueguero Ricardo Muñoz Caravaca y montaje del Colectivo Teatral Granma, nos acercó un serio trabajo de actuación, así como de puesta en escena, muy aplaudida por su ajuste al tema de la relación filial y porque la puesta, a cargo de jóvenes actores, se contiene favorablemente en función de un texto que no hay que perder de vista.

Los farsantes del siglo, escrita y dirigida por Pedro Castro Braceras, del Conjunto Dramático local, deslizó, sin embargo, un texto desbalanceado entre propósitos filosóficos existenciales y ciertos lugares comunes del lenguaje actual, bruscos giros verbales que entretejen un tono de comedia en el cuerpo de una pieza absolutamente trágica. Una obra bien actuada y con magnífica concepción escenográfica. Pero le resta mucho la ambigüedad del tono en que está montada. Como historia es interesante: dos planos narrativos, el de dos personajes que siguen el dictado de su dramaturgo, y el de este último que decide el destino de ellos.

También subió a las tablas del Teatro Principal el Estudio Teatral de Villa Clara, con la obra en concurso A la deriva, creación colectiva, una vez más en la cuerda experimental de este grupo. Como el título referido anteriormente aquí se hace el teatro dentro del teatro, pero desde una propuesta estética más cercana a la simbología. Las angustias de un actor por no poder representar adquieren una dimensión generalizadora de la vida, toda vez que el conflicto existencial de los personajes transita de las situaciones domésticas a los problemas artísticos creativos del mundo de hoy. Raro teatro, aunque bien realizado técnicamente, A la deriva es de esas propuestas que logran dividir las opiniones fácilmente.

De lo visto en teatro para niños, el Guiñol de Santa Clara acaba de anotarse otro importante punto en su trayectoria con el montaje de El porrón maravilloso, una pieza del dramaturgo villaclareño Rogelio Castillo, en versión para títeres de Allán Alfonso, responsable, además, de los diseños de muñecos quien se retó a sí mismo y a la agrupación con la difícil técnica de marionetas. Fue un excelente espectáculo montado en cámara negra y manipulados todos los cordeles con absoluto rigor.

Este año se entregó por primera vez el Premio provincial de teatro. Fue conferido a Mario Guerrero Zabala, director artístico del Guiñol de Camagüey, por sus logros en 31 años de trabajo creador. El Premio lleva el nombre de Eloísa Agüero de Ossorio, legendaria actriz de la provincia, nacida en Puerto Príncipe en 1849.

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