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Ediciones cubanas por
el centenario de Lorca

Serán presentadas hoy tres tazas de buen caldo

Luis Suardíaz

La Editorial Arte y Literatura presentará hoy martes, a las 3:00 p.m. en el Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro, tres obras de García Lorca vinculadas con Cuba. Se trata de la pieza dramática El Público; la edición -con el texto facsimilar- de una de sus más logradas tragedias, Yerma y su Son, conocido popularmente como Iré a Santiago.

Martínez Nadal, a quien se debe la versión de El Público, publicada gracias a él en 1976, recuerda que fue leída en Madrid por su autor a su regreso de Cuba en 1930 y que la dejó a su cuidado cuando partió hacia Granada en aquel fatídico 1936 en que encontró Federico la muerte a manos de los fascistas. En los primeros folios, como advierte el dramaturgo cubano Carlos Díaz en la presentación de esta edición, aparece el membrete del hotel habanero Unión, donde vivió el dramaturgo en la primavera del treinta.

Obra audaz, sorprendente, iba a ser la punta del nuevo teatro que anunció el andaluz en entrevistas concedidas poco antes de morir. Su puesta en escena fue dirigida por el propio Díaz en La Habana en 1994.

En 1977 hablé toda una tarde con Dulce María y Flor Loynaz sobre Federico, la poesía y el manuscrito de Yerma, que el crítico Adolfo Salazar recibió de manos de Federico para que la hiciera llegar a su amiga Flor. Entre una y otra hilachas de humo de los finos tabacos que solía fumar, Flor me hizo ver las pequeñas manchas de grasa en las cuartillas. Es que Federico comía mortadella mientras trabajaba, me dijo riendo, por eso dejaba esas huellas. Ahora esta pieza, que pertenece a nuestro Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, puede ser seguida por los investigadores y exigentes lectores en la letra urgida, cabalgante de su autor.

En cuanto al Son, cuento en el prólogo algo de su historia. Comenzó a gestarse en los valles matanceros cuando un amigo le habló a Federico de las bellezas del paisaje y el carácter de los santiagueros. Esa noche, dejó un racimo de imágenes cubanas en una cuartilla, a la luz cómplice de la lamparilla de su hotel. La dedicó a Fernando Ortiz y sus amigos María Múñoz y Antonio Quevedo la publicaron, en la revista Musicalia, número once. La línea del título decía: Son de Santiago, pero Federico trazó una raya negra y solo quedó una palabra: Son. Más tarde ha sido publicada con el rótulo de Son de negros en Cuba, Son de Santiago o Iré a Santiago. En el cuaderno, además del facsímil del canto de Lorca más rotundo escrito en Cuba -hay algunos versos suyos en la despedida a Chacón y Calvo y en otros pequeños papeles- aparecen un dibujo del poeta debido a la pintora Amelia Peláez, una simpática versión plástica de Santa Bárbara de Lorca, dedicatoria de un libro suyo firmada en Santiago y varios testimonios conseguidos por las profesoras Erzsébet Dobos, húngara; y la santiaguera Amparo Brito, sobre la estancia de García Lorca en la Ciudad Héroe.

A punto de cerrarse este fértil homenaje del centenario de Federico estos libros son un regalo para los lectores que habrá de disfrutar de tres sabrosas tazas de caldo andaluz, de algún modo sazonadas en Cuba.

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