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15 de abril
El preludio
REYNOLD RASSI
"COMENZANDO a la 1:40 a.m., poco después del despegue de Zúñiga, otro B-26 de la CIA había despegado en la oscuridad desde la misma faja de vuelo, apremiados sus motores por el peso del combustible extra y las 10 bombas de 260 libras que cada uno conducía.
"Los pilotos de esos aviones eran exiliados cubanos, entrenados y empleados por la CIA. Su objetivo era Cuba y su misión: aniquilar la fuerza aérea de Castro antes de que esta pudiera remontar vuelo.
"Estos aeroplanos también llevaban una réplica de la insignia de las FAR, la fuerza aérea de Castro. Volando en tres formaciones, debían atacar al amanecer, en una incursión de sorpresa. Sería este el primero de dos asaltos a las bases aéreas de Castro, a fin de preparar el camino para la invasión secreta de Cuba, señalada para efectuarse 48 horas después por la Bahía de Cochinos. La operación contaba con la aprobación de la CIA, los jefes conjuntos del Estado Mayor y el Presidente de los Estados Unidos".
Así se explica en el segundo capítulo bajo el título de 48 Horas, en el libro El Gobierno Invisible, de los periodistas David Wise y Thomas B. Ross, parte de los preparativos y objetivos de los ataques aéreos mercenarios, al amanecer del sábado 15 de abril de 1961, a los aeropuertos de Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños, en La Habana y el civil de Santiago de Cuba, planificados y organizados por la Agencia Central de Inteligencia norteamericana.
Desde pocos meses después del triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959, y a lo largo de estos 38 años, la CIA ha organizado planes de agresión contra la Revolución Cubana y sus principales dirigentes, contando con el apoyo de las diferentes administraciones de la Casa Blanca, tal como se ha puesto de manifiesto en los últimos tiempos por documentos desclasificados de la CIA, hechos públicos, y que dan la razón una vez más a las denuncias formuladas por Cuba.
En la planificación de las operaciones para la invasión por Playa Girón, un papel determinante fue asignado a la fuerza aérea que la CIA preparó, tanto para el ataque previo del 15 de abril, como para el apoyo posterior durante la invasión mercenaria. Esa fuerza, al inicio de la operación, estaba constituida por 16 aviones de combate y bombardeo (B-26), 8 aviones de transporte C-46 y 6 aviones de transporte C-54.
La operación de bombardeo contra los aeropuertos cubanos tuvo como base de partida a Happy Valley, en Puerto Cabezas, costa atlántica de Nicaragua. Un grupo de 9 aviones B-26 tendría esa misión, todos llevaban pintadas las insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria para hacer creer que se trataba de un movimiento interno con deserción de pilotos de las FAR.
Todos los aparatos eran piloteados por contrarrevolucionarios de origen cubano al servicio de la CIA. La escuadrilla Puma, integrada por tres aviones, y dirigida por José Crespo, debía atacar la base aérea de Ciudad Libertad; la escuadrilla Linda, formada por otros tres aviones, al mando de Luis Cosme, tenía como objetivo a la base de San Antonio de los Baños; y la escuadrilla Gorila, integrada por dos aparatos, dirigida por Gustavo Ponzoa, atacaría el aeropuerto de Santiago de Cuba. Un avión B-26 piloteado por Mario Zúñiga, volaría directo a Miami, en Estados Unidos, con fines de enmascaramiento y propaganda para hacer ver la deserción de pilotos cubanos.
Como resultado de este criminal bombardeo resultaron muertas ocho personas y numerosas recibieron graves heridas; sufrieron serios daños instalaciones de los aeropuertos y viviendas cercanas.
El propósito de la CIA de destruir la reducida capacidad aérea de combate con vistas a la posterior invasión mercenaria, se frustró ese mismo día 15 de abril, ante la valiente respuesta de los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas y los artilleros de las Milicias Nacionales Revolucionarias, que se enfrentaron de inmediato a la aviación enemiga disparando sin cesar contra los agresores. Un avión B-26 fue derribado sobre Ciudad Libertad y se estrelló en el mar, otro sufrió daños en un motor y aterrizó en Gran Caimán y un tercero, también averiado por la artillería cubana, aterrizó en Cayo Hueso. Cinco aparatos regresaron a Puerto Cabezas, en Nicaragua.
Esa misma mañana del día 15, nuestro canciller Raúl Roa, en nombre de Cuba acusaría en la ONU al gobierno norteamericano y a la CIA como culpables de esa agresión. El mundo sería informado de la denuncia cubana.
El ataque, por sus características, hizo comprender de inmediato a la dirección de la Revolución que este era el preludio de una invasión. El pueblo fue alertado y la nación se puso en pie de guerra.
"Se ha dado la orden de movilización a todas las unidades del Ejército Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Todos los mandos han sido puestos en estado de alerta. Si este ataque aéreo fuera el preludio de una invasión, el país en pie de lucha resistirá y destruirá con manos de hierro cualquier fuerza que intente desembarcar en nuestra tierra", se proclamaría en un comunicado del Gobierno Revolucionario.
El ataque criminal del 15 de abril constituyó el preludio de la invasión por Playa Girón, y esa cobarde acción se convirtió a la vez en el preludio de la primera derrota del imperialismo norteamericano en América. Porque el 16 de abril, en el entierro de las víctimas del bombardeo, cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro al despedir el duelo proclamó el carácter socialista de nuestra Revolución, en la defensa de esas ideas marchó todo un pueblo a aplastar en menos de 72 horas a los mercenarios organizados por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos.