Editorial

Disciplina es triunfo

HAY UNA frase genial de nuestro Héroe Nacional José Martí que expresa: Disciplina quiere decir orden, y orden quiere decir triunfo. Puesto que el cubano hace a su patria la ofrenda de su vida, hágala bien y dele la vida de modo que le sirva. Ese profético axioma, suscrito en las instrucciones que el Maestro cursara a los jefes mambises en vísperas del inicio de la guerra necesaria, tiene lícita aplicación en nuestros días a escala de la sociedad.

Con frecuencia escuchamos los términos de disciplina estatal o administrativa, económica o financiera, social, militar u otras; pero cualquiera que sea su tipo, ella posee un alto componente de obligatoriedad jurídica, exigencia, conciencia y compulsión moral, y resulta básica en la organización y armonización de cualquier actividad de la vida social.

Muchas de las irregularidades de carácter subjetivo presentes en un grado u otro en el país -entre las más graves: el robo, el despilfarro, la malversación, el desvío de recursos y otras que atentan en lo económico, así como las manifestaciones antisociales- encuentran su causa principal en el incumplimiento de distintas regulaciones establecidas por el Estado revolucionario. Es, por tanto, la indisciplina, uno de los factores más urgidos a erradicar en estos momentos definitorios de lucha, en virtud de contarse entre los elementos que más entorpecen y les restan efectividad al esfuerzo que realiza el pueblo y a los resultados que reclama la nación.

El llamado a luchar contra el desorden, cualquiera que sea su tipo no es nuevo. Tampoco resulta un hecho casual que la máxima dirección del país, en reiteradas oportunidades, en los encuentros y las reuniones más trascendentes celebrados en los últimos años y meses, haya recabado la observancia disciplinaria desde los más altos cargos dirigentes a partir de la compulsión que significa el ejemplo personal.

En ese sentido, el Segundo Secretario del Comité Central de nuestro Partido, General de Ejército Raúl Castro Ruz, en el proceso de reuniones territoriales del Partido, realizado en 1994, expresó: Hay que acostumbrarse a respetar las cosas y las leyes; lo último que puede permitir un país es el caos. Todo Estado que se respete tiene su instrumento represivo para hacer cumplir la ley. Es imprescindible imponer la disciplina financiera y acabar con la indisciplina social. Hay bastante indisciplina en todos los niveles. Hay quien se cree intocable, amigo de este y no del otro. La disciplina tiene que ser general.

A los fenómenos adversos que aparecieron luego del desplome del socialismo en los países de Europa del Este, de la desintegración de la URSS y la desaparición del campo socialista, con sus consiguientes limitaciones económicas para nuestro país, está vinculado cierto resquebrajamiento del orden general en los últimos años, a lo que no es ajena la labor enemiga, que trata por cualquier medio de subvertir el ordenamiento del país y alienta toda acción de indisciplina posible.

Si bien con anterioridad se expresaban determinadas tendencias alertadas por Fidel desde abril de 1986, cuando comenzó el proceso de rectificación, no fue hasta inicio de los años noventa que se reflejaron de modo más notorio fenómenos negativos de enriquecimiento ilícito, ausencia y abandono del trabajo, el aumento de la actividad delictiva y antisocial.

Las medidas enérgicas de respuesta del Estado cubano para terminar con esas actitudes inadmisibles, además de otras tareas de enfrentamiento social, contribuyen a disminuir las causas y condiciones que propenden a esos hechos. Pero no faltan ejemplos de muchas insuficiencias organizativas en la producción, los servicios y la gestión administrativa que, además de lesionar directamente cualquier gestión laboral, crea irritación innecesaria a la población.

Particularmente en estos tiempos, ha sido criticada la falta de control de los recursos materiales, en cuyo sentido se ha exigido, por lo general, muy poco a los que tienen la obligación intransferible de responder por esos medios.

A la disciplina le son ajenas la justificación, la inercia e indolencia, el maltrato a la propiedad social, el descontrol de los recursos, el amiguismo, la tolerancia, la falta de combatividad y exigencia.

Esas manifestaciones deben ser enfrentadas resueltamente por la sociedad en su conjunto; no es un trabajo de un día y requiere, como ningún otro, de vigilancia, exigencia y constancia de los órganos de gobierno y administrativos, del trabajo de las organizaciones políticas, de masas, sociales y de todos los revolucionarios. La lucha contra este tipo de resquebrajamiento es una dirección principal y permanente del trabajo político-ideológico a realizar por los cuadros y militantes sin distinción alguna.

También mucho deben aportar en ese esfuerzo las instituciones de educación, cultura y los medios de difusión masiva, y, de manera inalienable, el ámbito familiar, el cual no pocas veces se muestra ajeno a esa obligada tarea e ignora su influencia directa en los códigos de conducta ciudadana.

La disciplina debe ser consciente, pero ella no puede ser fruto de la espontaneidad y esta no existirá plenamente sin ejemplo, autoridad y exigencia.

En materia de leyes, decretos, directivas, resoluciones, reglamentos y otros documentos normativos hay legislación suficiente en el país que no pueden convertirse en letra muerta porque son voluntad, prioridad y mandato de la nación.

Cuando la vida demuestra que una disposición requiere de su adecuación, perfeccionamiento o derogación, lo único válido es la consulta y las proposiciones concretas para su corrección; lo contrario significaría desobediencia inadmisible y anarquía.

En un régimen como el nuestro son muy inferiores los índices delictivos y existe más seguridad ciudadana en todos los órdenes, en comparación con la generalidad de las sociedades capitalistas. Pero aun así, podemos y debemos reducir en mucho las actitudes y los hechos ajenos a la naturaleza del socialismo mediante una acción popular permanente y enérgica.

El país necesita de una sociedad disciplinada; para los cubanos, terminar con la indisciplina social es un asunto de repercusión estratégica. Los enemigos tratarán siempre de estimular ese mal, apoyados en los elementos antisociales de todo tipo, una de las bases de la contrarrevolución. Y esa lección también fue aprendida en los turbios desenlaces registrados en la antigua URSS y en otros países socialistas.

La disciplina es parte consustancial de la batalla por la eficiencia a que nos convocó el V Congreso del Partido, y debe ser propósito y regla invariable para los centros de trabajo, las instituciones de enseñanza y la sociedad en general.

Existen condiciones para que el orden se fortalezca y consolide cada día, como condición indispensable para la cohesión y la eficiencia como parte de la batalla de este período especial.

Ningún avance será en la magnitud posible y con la plenitud suficiente sin una disciplina estricta y consciente. Ella deviene especie de "recurso natural", fuente potencial de riqueza, expresión de cultura y conciencia social.

La frase de Martí reseñada al inicio de este trabajo y que tanto encaja en estos tiempos difíciles, nos indica la plena validez de su afirmación y la fórmula clara con solo aplicar el carácter transitivo de ese magistral pensamiento: disciplina es triunfo.

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