 El gerente...
Sobre todo, proteger
los intereses del país

FELIX LOPEZ
A la década de los 90 también le debemos los cubanos el
"personaje" del gerente. Ese ser humano al que la cinematografía ha dado el
status de Dios todopoderoso y al que casi siempre se identifica con aquellos que viajan en
costosos autos refrigerados, vestidos de etiqueta y con el teléfono celular a mano para
impartir órdenes... Pero la generalización no es siempre espejo de la verdad.

Dos veces al mes realiza, personalmente, la auditoría al 100% de los productos.
No son todos los hombres los que se "marean" al sentirse
aludidos por palabritas de moda o miran a sus coterráneos por encima del hombro por
considerarse elegidos del éxito. Sobran los ejemplos de cubanos que asumen con humildad
(y sin cambiar el acento) la gerencia de empresas cubanas que operan en asociación con
capitales extranjeros, de importantes instalaciones hoteleras o de pequeñas unidades
destinadas a la captación de divisas.
José Oviedo Medero es uno de ellos. Hace cinco meses se convirtió
en gerente de La Lluvia de Oro (cafetería-mercado de la Compañía Habaguanex), pero a
ese puesto no cayó del cielo. Con 28 años, hijo de una familia de obreros, ha consagrado
su juventud al estudio, la militancia y el trabajo. Graduado de Química Industrial, su
primer empleo fue como inspector de gastronomía, responsabilidad que después desempeñó
en el Ministerio de Finanzas y Precios, hasta que una mañana de 1996 decidió entregar su
currículum en la entidad empleadora de Habaguanex.
La Compañía le encomendó el almacén del Café O'Reilly, al
tiempo que propició su capacitación en cursos de dirección, idioma, marketing y
relaciones públicas. Preparado para empresas mayores, fue promovido a La Lluvia de Oro,
donde hoy ejerce su condición de "dueño socialista". Y digo dueño -sin temor
a la palabra- porque Oviedo siente como suyos los recursos que le han encargado
administrar, y sabe -por experiencia personal- que no existe mejor fórmula de dirección
que la del control y el ejemplo personal.
"Cuatro veces a la semana -comenta Oviedo- la gerencia realiza
inspecciones sorpresivas por áreas (conteo físico y arqueo de caja), con el objetivo de
verificar la situación de los artículos de mayor salida. Al cierre de cada quincena, el
inventario del 100 % de los productos en áreas de venta y almacén saca a la luz la
existencia de faltantes o de productos de poco movimiento."
-Además del control económico, ¿qué medidas se pueden tomar para
evitar violaciones en detrimento del cliente?
"Lo primero es que cada producto tenga el precio en un lugar
visible. De no ser así, el dependiente puede alterar su valor y `multar' al cliente. Lo
otro es entregarle el comprobante expedido por la caja registradora. Nuestros jefes de
áreas velan celosamente porque se cumplan estos procedimientos, y no nos ha temblado la
mano a la hora de separar a aquellos que, faltos de ética, cometieron violaciones que
pueden perjudicar a la población y la imagen de la unidad. Siempre les recuerdo que el
dinero de más valor que se pueden llevar a casa es el de la propina ganada por la calidad
del trabajo."
-Para muchos, no todos los que trabajan en unidades de este tipo
logran escapar a ciertas tentaciones...
"Algunos, con sus actitudes negativas, han ayudado a crear ese
estereotipo. Aquí mismo tengo decenas de ejemplos que prueban lo contrario, trabajadores
que llevan años entre productos de primera necesidad y divisas, sin que esas tentaciones
lograran corromperlos... He visitado la casa de Milagros Santana, una de nuestras
cocineras, y me ha impresionado la manera tan humilde en que vive. Lo más seguro es que
sus vecinos ni se imaginen en qué lugar trabaja y cuántos recursos pasan a diario por
sus manos. Pero contrario a este ejemplo está el del que especula, el que vino a trabajar
a este sector con el ánimo de tener privilegios: ese, en la mayoría de los casos,
termina lucrando."
-Y al gerente, ¿también lo calificas como un hombre de éxito?
"Depende del cristal con que se mire: si es el de haber creado
un colectivo de trabajo y llevarlo al fin que quiere (que no puede ser otro que el
objetivo de la Revolución), si se trata de duplicar las ganancias sin que el país pierda
un centavo, bienvenido sea el éxito. El otro, el de creerse superior o intocable, no lo
comparto. Ese éxito ha de ser tan frío como el hielo y tan poco hospitalario como el
Polo Norte." |