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Fenneker anunció en un cartel un clásico
de Murnau: La cabeza de Jano.

Cine y gráfica de Alemania

Caligari, antes y después

Pedro de la Hoz

Es muy probable que el diseñador Joseph Fenneker (1895-1956), ante los encargos para la publicidad de los filmes de estreno en las principales salas de Berlín en la época de la República de Weimar, no haya pensado en la trascendencia del acto creativo: cada cartel debía ser un mensaje claro, contundente, atractivo. Nada de regodeos formales. Jugaba en la cuerda floja de la trivialidad, entre el adorno complaciente y una aparente actitud conservadora destinada a la aprobación de una censura que se hizo implacable en materia de exhibición pública del arte aún antes de la ascensión de los nazis. Pero, por encima de la urgencia, o mejor dicho, desde ella misma, fue impregnándose en cada realización del espíritu de la época, sus signos estéticos: el último suspiro del art decó y la transposición del expresionismo pictórico al ámbito del diseño gráfico.

Una muestra significativa de la obra de Fenneker puede verse por estos días en la sala Charles Chaplin de la Cinemateca de Cuba, en virtud de la colaboración del Instituto Goethe con el ICAIC. Entre las joyas gráficas que se exhiben se hallan el cartel para El alcalde de Zalamea (1920, de Ludwig Berger), validación de lo esperpéntico como forma expresiva; para La cabeza de Jano (1920, de F. W. Murnau), típica realización gótica para un filme de idéntica cualidad, protagonizado por los famosos Bela Lugosi y Conrad Veidt; y para El jinete rojo (1923, de Franz W. Koebner), en el que adelanta un estilo de composición que se haría clásico luego en la gráfica publicitaria norteamericana de los 40.

Esta exposición tiene lugar justo cuando se desarrolla, también por medio del Instituto Goethe, una semana de cine silente alemán de enorme valor testimonial: Antes de Caligari. No es casual que se tome como línea divisoria el clásico expresionista El gabinete del Doctor Caligari, pues marcó, al término de la Primera Guerra Mundial, la madurez de la cinematografía germana. Lo interesante en este caso es que el espectador cubano tiene por primera vez a su alcance la prehistoria de este arte, mediante cintas restauradas a partir del legado del productor holandés Jean Denner, un empedernido coleccionista, al Filmmuseum de Amsterdam.

Hasta el próximo sábado se exhibirán filmes que constituyen notas curiosas: hoy, por ejemplo, La flor del pantano (1913), de Virggo Larsen; y mañana Y la luz se extingue (1914), de Fritz Bernhardt, uno de los directores que perfiló con mayor cuidado la puesta en escena. Para cerrar el último día de la muestra, un anticipo de la serie gótica: La iglesia del diablo (1919), del actor y realizador Hans Mierendorff, con todos los ingredientes del género de terror.

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