NACIONALES

Marx, el marxismo, el tiempo


RAUL VALDES VIVO

En los funerales de Carlos Marx, muerto a los 65 años, el 14 de marzo de 1883, Federico Engels profetizó que su nombre vivirá por los siglos y, con su nombre, su obra.

Ha pasado el primer siglo (115 años) y esa profecía se ha vuelto la más polémica al producirse el hundimiento de la Unión Soviética, donde el marxismo, con Lenin, parecía haber triunfado.

La mejor refutación a la cacareada crisis del marxismo, que quienes sirven a los explotadores quieren inculcar para destruir la voluntad de lucha de los pueblos, consiste en evocar algunos de los descubrimientos teóricos que hizo Marx y preguntarnos si son veraces o falsos.

Uno. La ley (tendencia objetiva) que rige el proceso histórico es que antes de dedicarse a las cosas del espíritu, el hombre necesita comer, beber, tener un techo, vestirse. A partir del grado de progreso económico de cada pueblo o cada época se desarrollan como regla, aunque haya excepciones, las instituciones del Estado, las concepciones jurídicas, el arte e incluso las ideas religiosas.

Antes de Marx la filosofía postulaba lo inverso y cuanto constituye la superestructura se ponía de estructura o base, siendo la realidad que ella consiste en las relaciones de los hombres para producir, las cuales se asientan en las fuerzas productivas que convierten la naturaleza en productos.

Dos. El capitalismo no inventó las relaciones monetario-mercantiles, pero las potencia en extremo al poder adquirir, como mercancía especial, la fuerza de trabajo.

Por ser dueño de los medios fundamentales de producción el capitalista puede dejar de pagarle al trabajador una parte de su trabajo, la plusvalía. Su obtención es la ley suprema del capitalismo.

Tres. ¡Las fuentes originarias de acumulación del capital fueron de sangre!

Ahí aparecen, junto a guerras de rapiña y la expropiación de los campesinos en Europa, la esclavitud y el exterminio más cruel de los aborígenes de América y de los diez millones de negros traídos a ella de Africa. Una décima parte a Cuba.

Cuatro. Los capitalistas, lejos de explotar exclusivamente sus propios asalariados, deben actuar como clase que reparte la plusvalía según el monto de cada capital.

La cuota general de ganancia disminuye con el inexorable desarrollo de la ciencia y su aplicación a la economía, al requerir cada capitalista menor masa de trabajo vivo, único que al cristalizarse en una mercancía le concede valor.

En el capitalismo son inevitables las crisis económicas cíclicas, debido a sus contradicciones, la feroz y caótica competencia entre los productores privados y el empobrecimiento de los trabajadores.

El imperialismo enfrenta la disminución de la cuota de ganancia y las crisis con la superexplotación del Tercer Mundo, el intercambio desigual de valores, la asfixiante deuda externa, el demencial saqueo de la naturaleza, en fin, la globalización neoliberal.

Cinco. Las contradicciones antagónicas internas, cada vez más profundas, del capitalismo en el pasado prepararon y siguen preparando las condiciones objetivas de su muerte y sustitución por el régimen socialista.

Las crisis de la especulación financiera (México, Sudeste de Asia) reflejan males estructurales de todo el sistema capitalista. Contra esos males no pueden dejar de luchar los trabajadores. De Corea del Sur, hasta hace poco presentada como modelo para el desarrollo, a Paraguay, país que se creía congelado en cuanto a las luchas sociales, pasando por Alemania, locomotora de Europa, en todas partes crecen el descontento y las protestas.

El retroceso general del movimiento revolucionario de los 90 será transitorio. Van muriendo las falsas ilusiones. Ahí está la lección del intento antinatural, por antihistórico, de restablecer el capitalismo incluso allí donde resultó derrotado el modelo de socialismo que a sus errores sumó la ingenuidad y la traición.

El mundo, tarde o temprano, deberá tomar el rumbo del socialismo, con asiento en las particularidades de cada país.

La Revolución Cubana, que viene de José Martí que, sin ser marxista, elogió a Marx como veedor profundo en la razón de las miserias humanas y en los destinos de los hombres, derrocó el régimen burgués al servicio del imperio yanki y estableció el poder que empieza en el pueblo y termina en el pueblo.

En la Revolución Cubana, en su propia obra de libertad, justicia y eterna esperanza, vive ese nombre sembrado en el tiempo para crecer con él.


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