CULTURALES

Un año sin rutina


PEDRO DE LA HOZ

Cuando casi un año atrás la División de Programas Musicales de la TV Cubana, luego de infelices tanteos, lanzó sus propuestas de renovación, nadie podía calcular que Rompiendo la rutina sería capaz de capitalizar la atención del público de los sábados, acostumbrado a una velada espectacular y ligera, en los últimos tiempos humorística, para disfrutar de una sobremesa que lo preparara para disfrutar de la tanda nocturna de películas.

El nuevo espacio, constreñido a veintisiete minutos, ofrecía el interés de abordar costados inexplorados y vericuetos impensados de la tradición musical cubana y su permanente actualidad. Al menos -o mejor dicho si se me permite, al más- esa era la proyección de su directora, Gloria Torres, y del guionista que configuró el punto de partida, el escritor Alfonso Quiñones, quienes, de entrada, acertaron con el título, un préstamo que rinde homenaje a Aniceto Díaz, el creador del danzonete.

En líneas generales, el espacio ha funcionado bien y ello se explica por varias razones: la avidez del público por enterarse de las pequeñas y grandes historias que rodean la creación musical, la oportunidad de asistir a desdoblamientos imprevistos de figuras y agrupaciones marcadas por un determinado quehacer, la ruptura de estereotipos, el poder de convocatoria entre artistas de diversas generaciones y, no menos importante, la factura de un material que se diferencia de las restantes opciones de la programación musical.

En este último aspecto pesan tanto la concepción abierta, aparentemente informal del espacio, como su conducción. Sobre un periodista recayó esta responsabilidad, Roberto Cavada. Dejemos al margen un factor imponderable pero real, como un ladrillo sobre la cabeza: el carisma. Ante Cavada o cualquier otro que se pare frente a las cámaras a hacer preguntas, intervenir, presentar y despedir, se desatarán siempre opiniones encontradas nacidas de la más pura subjetividad que se resumen al final en una especie de juego de cara o cruz: sirve o no sirve, cae bien o mal. Sin embargo lo que se debe hacer notar es cómo este joven profesional asumió el encargo mediante el difícil equilibrio entre el desenfado y la sobriedad, con información y respeto ante los interlocutores y los televidentes.

De los tantos programas, unos mejores que otros y algunos no tan buenos y otros francamente fallidos (porque una cosa es la intención y otra los resultados), el que dedicaron a los enamorados clasifica como uno de los momentos más sobresalientes de la televisión en lo que va de año. Fue hurgar en todas las facetas del amor y relacionarlas como lo que son, expresiones de una cultura entendida como sedimento espiritual en todos los órdenes. Y hasta hubo su toque nostálgico sorprendente, con la presencia de Korda y Norka, una pareja que hizo arte -lo que muy pocas veces sucede- en el mundo de la moda.

Mantener el espacio se presenta como un reto cada vez más difícil. No todos los días se encuentra a Olga la tamalera ni un salsero interpreta la trova contemporánea ni un sonero olvidado aparece. Y existen, ya se ha visto en varias entregas, la tentación a "farandulear", que no es lo mismo que comunicar cultura mediante un lenguaje refrescante y animado.


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