NACIONALES

Centenario de la caída de Isabel Rubio

"Necesito practicar lo que propagué"


Ronal Suárez Ramos

Que a finales del siglo pasado, con los lógicos prejuicios de la época y en región entonces tan apartada como Paso Real de Guane, una mujer fuera capaz de aglutinar a las fuerzas revolucionarias para luchar por la independencia de Cuba, fue, es y será un hecho trascendente.
Considerada la conspiradora más antigua del extremo occidental cubano, nacida el ocho de julio de 1837, Isabel Rubio tuvo una sólida formación humanista y patriótica que mucho debió influir en su vida y obra, hasta dejar su existencia de forma consecuente con las ideas que predicó, en la manigua redentora, con los grados de capitana del Ejército Libertador.
El hecho de que sus hijas estuvieran casadas con oficiales mambises de la Guerra de los Diez Años, emigrados a Estados Unidos, facilitaría los contactos de la patriota vueltabajera con la dirección de la insurrección que se preparaba durante sus frecuentes visitas a ese país.
Es así como desde 1883 lleva a cabo una riesgosa y perseverante labor conspirativa que convierte su hogar en el primer centro revolucionario de la provincia.
Desde 1893, como delegada del Partido Revolucionario Cubano en Paso Real de Guane, dirige junto a otros valerosos revolucionarios del extremo occidental la organización y equipamiento de considerables fuerzas que, tras protagonizar varios alzamientos, una vez iniciada la contienda del 95, se unen al contingente invasor formando parte del primer regimiento de Vueltabajo.
Su hijo, Modesto Gómez Rubio, no solo fue un activo colaborador en los trajines conspirativos, sino que estuvo entre los primeros en unirse a las huestes comandadas por el Lugarteniente General Antonio Maceo a su arribo a la provincia, en la zona de Bahía Honda, donde alcanzó los grados de coronel y fue médico personal del Titán de Bronce.
El 20 de enero de 1896, Maceo, conocedor de los servicios prestados a la Patria por la destacada luchadora, la visita en su finca y más tarde la nombra personalmente capitana de sanidad del Ejército Libertador.
Isabel contaba ya 58 años de edad, lo que no le impidió abandonar las comodidades del hogar para lanzarse a la lucha. "Necesito practicar lo que propagué", fue su respuesta ante los reclamos familiares.
Organizó y dirigió un hospital de campaña, para lo cual había entrenado a una tropa de féminas en las labores sanitarias de guerra, que se movió constantemente en la zona de operaciones de las tropas maceístas. Muchos patriotas heridos y enfermos salvaron sus vidas gracias a los cuidados de aquellas abnegadas mujeres.
El doce de febrero de 1898, cuando el hospital se encontraba en Seborucal, zona montañosa de Los Palacios, es atacado por tropas españolas procedentes de San Diego de los Baños, las que disparan sobre sus ocupantes: mujeres, niños y enfermos.
Herida en una pierna, Isabel pierde el conocimiento y es apresada por el enemigo que la conduce a San Diego, donde recibe la primera cura. De allí es enviada en calidad de prisionera de guerra al hospital de San Isidro, en Pinar del Río, donde fallece tres días después.
Muestra de sus firmes convicciones y posiciones inclaudicables, la brinda Emeterio S. Santovenia cuando en su libro Una heroína cubana, narra los momentos en que la insigne patriota recibe a su hijo Modesto y al canario Antonio Ríos, que servía a la causa separatista, al ser puestos ambos en libertad de una prisión española. "Muéranse antes de volver a dejarse aprisionar", expresó inmediatamente después de saludarles.


|Home|Internacionales|Nacionales|Deportes|Cultura|E-mail|