NACIONALES

Un cuarto de siglo de la muerte de Francisco Caamaño

El hombre de Caracoles vive en la dignidad latinoamericana


ORLANDO ORAMAS LEON

La playa de Los Caracoles parecía que poco podría aportar a la historia dominicana. Aquel paraje apartado asistió con asombro al desembarco del pequeño grupo de expedicionarios que, comandados por Francisco Caamaño Deñó, desafiando a la muerte, escribió una página de gloria.
Un cuarto de siglo después Santiago Guillermo, representante en Cuba del partido Fuerza de la Revolución, donde se fundieron varias organizaciones de izquierda dominicanas, no oculta la emoción al referirse al héroe y a los acontecimientos que marcaron para siempre su vida militante.
El derrocamiento del casi recién estrenado gobierno constitucional de Juan Bosch y la instalación de triunviratos aupados por generales corruptos y entreguistas, fueron la mecha que encendió la conspiración de movimientos políticos y de militares consecuentes. Así lo recuerda Santiago:
"Yo tenía 22 años y era dirigente medio del entonces Partido Socialista Popular, que tomó el nombre de Comunista en pleno batallar. El 24 de abril de 1965, acelerada por una delación, se precipitó la insurrección popular que llevó a su vórtice a todo lo que tenía de pensamiento progresista y democrático, incluidos quienes nos llamábamos comunistas."
Caamaño no era entonces de los coroneles que más descollaban en la conspiración. El, hijo de un general que había sido ministro de Defensa del dictador Trujillo, había estudiado en academias militares de Estados Unidos y a la sazón era el jefe de la unidad antimotines, los cascos blancos.
"Pero la insurrección y los combates pusieron en su sitio a aquel hombre llamado a hacer historia y emerge cual figura líder de la primera gran batalla ganada por el pueblo, en el puente Juan Pablo Duarte, donde fueron arrebatados tanques al enemigo bajo el bombardeo de la aviación."
La debacle de sus aliados internos induce a la invasión norteamericana.

Para Santiago el ejemplo de Caamaño encarna la dignidad de su patria, dos veces invadida por Estados Unidos.
"Ellos llegaron prometiendo que serían imparciales; dijeron que eran 40, luego 400, 1 500 y finalmente el mundo se encontró con la invasión de 40 000 marines secundados por la OEA neocolonial y el bautizo de misión interamericana de paz, en la cual se sumaron soldados enviados por los gorilas militares gobernantes en Brasil, la Nicaragua de Somoza y el Paraguay de Stroess-ner", recuerda Santiago.
"Un despliegue descomunal de fuerzas y medios marcó la injerencia yanki. En República Dominicana ensayaron el lanzagranadas M-79 y el fusil AR-15. Los tanques se desplazaban en manadas de un lugar a otro. Los helicópteros bombardeaban a la población. Mi primera reacción fue de susto. No tenía experiencia militar. Luego pasé a la indignación por la impotencia".
El gobierno burgués instalado con la insurrección se asila en varias embajadas. Estados Unidos había acorralado a las fuerzas constitucionalistas y dividido a la capital dominicana. Una denominada Junta de Reconstrucción Nacional es aupada por los invasores que alistan y arman al ejército derrotado. El 4 de mayo Francisco Caamaño es proclamado presidente de las fuerzas constitucionalistas.
"Queremos y luchamos por la democracia y por la paz, pero no las mendigaremos a ningún gobierno del mundo. Las estamos creando a golpes de heroísmo", decía Caamaño en acto público.
"Luego del armisticio, Caamaño sale al servicio exterior. Partió con la convicción de continuar la lucha. Así, un día desapareció de su oficina en Londres y apareció en Cuba. Aquí encontró la oportunidad de preparar la redención. Hacia acá viajamos decenas de ex combatientes constitucionalistas para unirnos a ese empeño, pero traiciones y la actividad enemiga dieron al traste con el factor sorpresa".
En República Dominicana, mientras tanto, se producía una verdadera cacería de ex luchadores constitucionalistas. Para el año 1973 las condiciones eran otras y la expedición apuntaba al fracaso.
"Francisco Caamaño no pone miramientos a esta realidad. Pueden más sus sueños de redención y el compromiso con la patria. Así, abandona Cuba y llega a la isla caribeña de Antigua, donde se registra con sus compañeros como turista. El grupo sufre una deserción. Poco después, tras comprar un barco, ponen rumbo a la costa sur de República Dominicana", opina Guillermo Santiago.
"El 14 de febrero de 1973 tocan tierra por Los Caracoles. Son apenas un puñado de hombres. Ya, rumbo a la cordillera, sufren una delación y la persecución desmedida. El murió de un tiro en la frente, con el fusil en la mano."


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