DEPORTES

Otro reto en el fin de siglo


MIGUEL HERNANDEZ

¿Nos hemos preguntado cuántas medallas pudimos dejar en los últimos Juegos Olímpicos, o en campeonatos mundiales, por carecer de un "tantito" más de información sobre el adversario?
En muchas ocasiones se poseen los detalles necesarios del rival pero tal vez surgen resquicios a la hora de las conclusiones.
En el último partido internacional de voleibol en La Habana, cuando Cuba cayó sorpresivamente ante Canadá, en el banquillo de los norteños estaba sentado un señor de cuello y corbata con una maquinita computadora y quién sabe cuánto determinó en el resultado.
Cuando el gigante Alexis Rubalcaba perdió en el ring de Atlanta frente a un desconocido ni siquiera en video había visto al gordito de Tonga, campeón de Oceanía.
El deporte de hoy está demostrando que muchas de las grandes victorias se perfilan, y hasta se deciden, fuera de las canchas. Y hace falta la tecnología pero, sobre todo, la inteligencia humana.
Habría que preguntarse si el banco de datos con que cuenta en la actualidad el movimiento deportivo está a tono con lo que representa -y necesita- este país, y a lo que aspira en las próximas confrontaciones universales.
Pero ese "cerebro" tiene que ser alimentado, junto a los que manejan el artefacto electrónico, por los más de mil técnicos que Cuba envió el pasado año a cerca de 70 países, o por los otros miles que han pasado en otros momentos. O por los especialistas de la comunicación que son los periodistas. O por los directivos y comisionados, entrenadores y estrellas del deporte, con sus sistemáticos contactos internacionales. Y hasta por cualquier ciudadano con algún material útil para la perspectiva del deporte.
Hoy un jefe de cualquier delegación al exterior debe tener en agenda el meter en sus maletas materia prima para los ordenadores. Incluso no perder de vista las gestiones para obtener las películas de los torneos a los que asistió para además hacer partícipe a nuestro público, a través de nuestra televisión, de ese acontecimiento que no pudo ser trasmitido.
Alguien me preguntaba por qué de los ocho partidos de la selección cubana en la eliminatoria mundialista de fútbol y en la reciente Copa de Oro, solo se ha podido ver uno por la pequeña pantalla y éste fue el de la única victoria, contra Panamá en septiembre de 1996.
Otro aficionado indagaba sobre si al menos existían en el archivo del INDER o de la TV imágenes con la pelea donde Rubalcaba noqueó al ídolo ruso Alexei Lezin en Budapest, pues leyó que con esa escena los húngaros cerraron su documental sobre el Mundial, por lo espectacular.
Solo dos ejemplos, pero, al reflexionar, coincidiríamos en que existirían otros en este análisis donde todos los caminos, con uno u otro enfoque, conducen a que pudiéramos ser mejores, con más información.


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