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Homenaje a Jesús Menéndez
en el Instituto de Historia
Silvia Martínez
Un comunista de corazón. Sabía convencer y entusiasmar a las masas, así lo definió Blas Roca. En el trabajo duro y sin esperanza se forjó el carácter, creció la inteligencia y se templaron las ideas, como lo recordó Lázaro Peña, y para el poeta mayor Nicolás Guillén, Jesús no está en el cielo, sino en la tierra. No demanda oraciones, sino lucha... Inteligencia, sagacidad, coraje, decisión, ejecutividad, insobornable, incorrupto, antimperialista feroz, unitario, hombre querido por su pueblo y temido por sus enemigos, respetado, y, sobre todo, líder negro y dirigente sindical azucarero.
Sus 36 años de vida, la fecunda obra (incluida la conquista del diferencial azucarero y otras), el crimen organizado, el juicio dilatado y amañado, y la justicia revolucionaria del Ejército Rebelde, fueron nuevamente evaluados y condenados ahora por investigadores del Instituto de Historia, en lo que fue la primera actividad de este año dedicada al líder azucarero en el aniversario 50 de su asesinato (22 de enero de 1948).
Pedro Ross, miembro del Buró Político del Partido y secretario general de la CTC, tras las ponencias de los investigadores, leyó apuntes al prólogo que él le hiciera a la segunda edición del libro -saldrá próximamente- El General de las Cañas, del amigo y compañero de Menéndez, Gaspar Jorge García Galló.
Más adelante expresó que el homenaje al líder azucarero no puede reducirse a los actos y palabras que recuerden su vida y su legado, sino que el tributo debe estar en una industria azucarera eficiente, moderna, reordenada a las exigencias actuales de la economía y en el ejemplo de vanguardia de los trabajadores cubanos.