NACIONALES

Las elecciones en Cuba:

Diferencias y similitudes


FABIO RAIMUNDO TORRADO

Hace poco terminó la parte más intensa del proceso electoral cubano, que fue iniciado el 14 de junio de 1997 con la convocatoria a las elecciones para delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, por circunscripciones, y que, pasando por la constitución y renovación de dichos órganos locales de gobierno, llegó hasta el 11 de enero de este año, con la presencia masiva de los electores frente a las urnas, que alcanzó un 98,35%, a nivel nacional y resultados positivos realmente abrumadores, a favor de la Revolución y de su sistema político.
Para la mayoría de los sectores políticos latinoamericanos o europeos o para los medios de difusión masiva extranjeros, en Cuba se vive al margen de los procesos electorales, mientras que a los pocos que reconocen que estos tienen lugar, les resultan incomprensibles los resultados que en ellos se alcanzan, pues los abordan a partir de los conceptos tradicionales y de sus propias experiencias.
Cuando visitan a Cuba y observan o conocen las particularidades de nuestro proceso electoral se sienten como si hubieran descubierto un mundo nuevo, algunos quedan admirados y otros, desgraciadamente, por incapacidad de desprenderse de los estereotipos y paradigmas propios, señalan como deficiencias aquellas cosas, que aquí constituyen realidades ya logradas por las que ellos todavía luchan o sueñan en sus propios países; pero que en virtud de la lejanía de nuestras ideas de su formación conceptual, son incapaces de reconocer.
Recientemente, llegó a mis manos un folleto editado por el Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL) del Instituto Interamericano de Derechos Humanos de Costa Rica. En el mismo se reproducían dos interesantes trabajos sobre lo que se ha dado en denominar "La modernización del Parlamento en América Latina", en los cuales se enunciaban aquellas cuestiones en las que, a juicio de los autores, sería necesario trabajar para alcanzar esa meta.
Se afirma, en uno de ellos, entre otras cosas, que: "En América Latina, la debilidad de los parlamentos se expresa en la insuficiencia de su legitimación representativa: amplios sectores de la sociedad no se sienten debidamente representados en el Parlamento y lo perciben un tanto alejado de sus problemas". Podríamos decir por nuestra parte que en Cuba, por el contrario, que está en América Latina, pero tiene un sistema social socialista, ocurre exactamente lo contrario. Tanto el intelectual, como el científico, el profesor, o el obrero fabril y agropecuario o el campesino, tienen sus representantes en el Parlamento cubano acabado de elegir.
En otra parte afirman: "Diversos sectores piden escoger directamente a sus representantes sin la intermediación de las cúpulas de los partidos políticos, solicitan un mayor acercamiento entre los diputados y sus comunidades, reclaman que sus elegidos no rinden cuentas, protestan por la calidad de los parlamentarios y reaccionan indignados ante los privilegios de sus representantes populares".
¿Qué ocurre en Cuba? Pues sencillamente que hasta el 50% de los parlamentarios es escogido directamente por los electores cuando votan por ellos para delegados municipales, formando así una cantera, a la cual acuden las Comisiones de Candidaturas encargadas de conformar los proyectos de éstas y que luego presentan para su nominación final a los propios delegados municipales reunidos en las asambleas locales del Poder Popular. Asimismo, la parte restante de la candidatura correspondiente (el otro 50%) se escoge de las propuestas hechas por las organizaciones sociales y de masas, representadas en esas Comisiones, que antes de poner sus nombres en los proyectos de listados que luego presentan a las Asambleas Municipales, realizan multitud de consultas con los colectivos laborales, los compañeros de trabajo o de vecindad, etc. En todo este proceso no participa el Partido Comunista de Cuba.
Como para reafirmar más la impresión negativa que "las cúpulas" de los partidos dejan con su actuar, en el documento se dice: "La función representativa del diputado ha de ser bien entendida: representa a la Nación y vela por los intereses de la Patria, según se desprende de la propia Constitución. Pero cuando se constata la realidad y la norma, se advierte que el diputado actúa en nombre de los cantones y de los ciudadanos de esas circunscripciones, con la excepción de los denominados diputados `nacionales' escogidos normalmente por el candidato a la Presidencia de la República del partido respectivo". Saque usted, compañero lector, sus propias conclusiones y compare con el sistema electoral cubano.
Al referirse a la relación entre los diputados y sus electores se expresa que este tema "comienza a preocupar a los sectores políticos (...) Rendir cuentas al ciudadano durante el proceso de elección, en el ejercicio del cargo, y con posterioridad a él, constituye el reclamo permanente del pueblo. En los sistemas en los cuales el diputado puede ser reelecto, el momento de optar de nuevo al cargo resulta ser una ocasión propicia para exigirle cuentas. Sin embargo, se hace necesario buscar otros instrumentos que obliguen al diputado a informar sobre su gestión".
Es decir, que mientras en el extranjero este problema aún no está resuelto y "preocupa a los sectores políticos", en cambio, la rendición de cuentas de los elegidos ante sus electores constituye en Cuba un principio y una obligación de los diputados, regulada minuciosamente en las normas reglamentarias existentes y que se realiza no solo en el caso de los que van a reelegirse sino por todos, y en cada uno de los momentos establecidos en dichas normas.
Otro tema abordado extensamente es el referido al financiamiento de los partidos políticos y de los candidatos a diputados. Afirman que "con reglas claras y criterios bien fundamentados, el financiamiento estatal a los partidos políticos para el proceso electoral, resulta el sistema más conveniente". Aunque se reconoce que "el riesgo de desviar los dineros hacia otras actividades existe también".
Adicionalmente, y refiriéndose a los casos en que los sectores económicamente solventes son los que aportan ese financiamiento, se declara "... detrás del apoyo existe un interés que puede ser legítimo, pero egoísta y contrario al bien común. Los grupos económicamente fuertes financian los partidos para después, a la hora de tomar las decisiones gubernamentales, reclamar las cuotas de poder correspondientes a sus aportes. Es fácil explicarse por qué determinados cargos en el gobierno lo ocupan ciertas personas y qué intereses defienden, cuando se ligan con la contribución al partido".
El documento enfatiza todavía más sobre una posibilidad que considera más peligrosa: "el dinero ilícito, proveniente del narcotráfico o de otras fuentes igualmente nocivas", y se reconoce, sin ambages que: "En la contienda política para elegir a los candidatos a diputados, determinados contribuyentes aportan dinero ilícito, financian los procesos y con posterioridad reclaman `ayudas' o `favores".
Resulta obvia la constatación de que esta problemática no existe en Cuba, pues nuestro proceso electoral es ajeno a esas formas de financiamiento.
Quisiéramos terminar con una parte del documento, que encierra una gran enseñanza, para aquellos que desde el extranjero sueñan con trasladar a Cuba sus experiencias electorales y para los pocos que aquí, formando parte de grupúsculos, ansían lo mismo. Allí se afirma: "El alto grado de desprestigio de los partidos políticos, imputable a muchas causas: ideológicas, políticas, sociales y económicas, puede traducirse en abstención electoral, aunque no necesariamente (...). En general, en la mayoría de los países, las últimas elecciones se caracterizan porque el debate de ideas ha cedido terreno a las ofertas desmesuradas y de imposible cumplimiento, a la sonrisa estudiada, al saludo caluroso, en fin, al espectáculo, a la imagen, a la publicidad, al signo externo, como suele llamarse hoy a todo ese cúmulo de mensajes dirigidos al inconsciente colectivo para manipular la voluntad popular (...) En resumen, en América Latina, la pureza del sufragio no ha sido la nota constante en la historia".
Estos textos, no fueron escritos por un marxista ni por un revolucionario, se trata del doctor Hugo Alfonso Muñoz Q., un colaborador del Instituto identificado al comienzo de este trabajo, que ha sido ex diputado, jefe de fracción de partido, académico, profesor de Derecho Parlamentario y Derecho Constitucional, ex ministro y ex Procurador General de la República, nada menos que en Costa Rica, la que hasta hace poco era conocida como "la Suiza de América". El trabajo apareció en el Nro. 42 de la mencionada publicación, en octubre de 1997.
El pueblo cubano hace bastante tiempo que se libró de esos lastres y adoptó su sistema electoral. La prueba está en la masiva cifra de asistencia a las urnas, y en los altísimos porcentajes alcanzados al escoger y aceptar conscientemente la estrategia del voto unido.

 


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