Nuevas viviendas para familias albergadas

Ciudad de La Habana, con las condiciones habitacionales más difíciles del país, encuentra salidas más rápidas y económicas para beneficio de miles de personas

María Julia Mayoral

Después de varios años, Regla de la Caridad Díaz Cairo tiene casa propia. Para que no queden dudas, en la fachada del inmueble, ha grabado su nombre y el de la hija. La nueva edificación, con paredes de mampostería y techo de canalones de asbesto cemento, sustituye a una de madera demolida en el mismo sitio, de la localidad de Vista Alegre, Lawton, en el capitalino municipio de 10 de Octubre.

Ejemplos como los de Regla de la Caridad Díaz, confirman el sentido humanista de la Revolución.

Beneficio semejante recibieron otras familias -más de 100- que desde hace cinco-seis años residen en calidad de albergadas, en condiciones hasta ahora nada favorables, compartiendo servicios sanitarios poco higiénicos debido a la falta de consideración de algunos de los moradores y sin la atención social más adecuada.

"Me gusta vivir aquí; los cuartos y la sala son pequeños, pero tengo cocina y baño, eso hace la vida más cómoda; además, conozco a los vecinos y las relaciones son buenas", comenta Regla, en apurada conversación por la pena de ser fotografiada para un periódico en short y pulover limpiando el piso.

A su entender -y muchos vecinos comparten el criterio- el único inconveniente radica en el transporte, porque las otras necedidades están en camino de solución con la construcción del consultorio para el médico y la enfermera de la familia, que atenderán a esa comunidad, y la instalación de tuberías para recibir el agua potable en el interior de las viviendas.

El empeño por aliviar las difíciles condiciones habitacionales de muchas personas en Ciudad de La Habana, aun cuando los recursos resultan notablemente escasos, ha llevado a encontrar soluciones remediales como la contada.

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La imagen de muchos lugares que hasta ahora han servido de albergue se va transformando en modestas y confortables viviendas.

Poco a poco, los albergues en la gran urbe se transforman mediante nuevas construcciones o reparaciones, acompañadas de inversiones para acercar a las familias algunos servicios importantes como la atención médica y el comercio minorista, mejorar el alumbrado y el suministro de agua, lo cual incluye ampliación del diámetro de algunas conductoras, instalación de acometidas hacia las viviendas y bombas donde se hace necesario (por el momento se recurre a estabilizar el abasto mediante pipas en los lugares más críticos).

Según explica Jorge Ortiz López, director provincial de la unidad de albergues y comunidades de tránsito, entre los 76 albergues ya son contados los de madera, quedan con esas características el de Poey (I) en Arroyo Naranjo y el de Castanedo, en Guanabacoa. La reconstrucción del primero comenzará próximamente y para septiembre está previsto el inicio de los trabajos en el segundo. Solamente un grupo reducido de esas instalaciones -las que fueron anteriormente albergues INIT en 10 de Octubre, Centro Habana, Plaza y Playa- no podrá transformarse como se desearía, pues las características constructivas y el espacio disponible no lo permiten.

Pero no sólo por esa vía se están encontrando alternativas para las familias albergadas en la capital del país; suman 601 las viviendas nuevas terminadas con ese fin, de las cuales a 68 les falta finalizar las redes técnicas, ubicadas en Loma de Piedra, La Lisa, informa Ortiz.

Como parte de esa cifra en El Cano, La Lisa, se levantaron 100, una cantidad similar en La Yuca, Guanabacoa; 237 en el Comodoro, localidad perteneciente a Arroyo Naranjo y otras 96 en Lugardita, Boyeros.

A tales edificaciones -todas de mampostería con cubiertas ligeras- se les ha dado el calificativo de económicas. Cuentan entre 25 y casi 40 metros cuadrados de área útil y obedecen a la necesidad de, con los mismos recursos, levantar mayor número de inmuebles e ir resolviendo así las demandas más apremiantes, hasta tanto las condiciones económicas del país permitan retomar el tipo de desarrollo habitacional concebido para la capital.

El mayor asentamiento, el del Comodoro, ya está completamente habitado y los restantes están en proceso de ocupación por las familias.

Nuevos terrenos, proyectos, recursos y brigadas constructoras se precisan con el fin de continuar la ejecución de otras viviendas económicas en la periferia de la provincia. Entre las que deben iniciarse en los últimos meses de 1998 y las contempladas para el año venidero, se entregarán más de 2 000 para beneficio también de las familias albergadas.

En Ciudad de La Habana hay alrededor de 9 000 personas residiendo en albergues; es decir, una pequeña proporción de los 96 500 habitantes que deberían trasladarse -si existieran capacidades- hacia lugares más seguros, según aconsejan los dictámenes técnicos a sus viviendas.