 Oporto, también ciudad
de la esperanza

LINO ORAMAS
Enviado especial de Granma
OPORTO, Portugal, 12 de octubre.-En una céntrica plaza de esta
ciudad, el monumento al Infante Enrique lo muestra con un brazo extendido como señalando
el camino que un día iniciaron sus naves para el encuentro globalizante de culturas que
por su iniciativa se produjo desde el siglo XV.

Vista del Monumento a Enrique I.
Enfrente se halla su casa natal, y a un costado del parque, el
edificio de la bolsa que también alberga la Cámara de Comercio local; en el fondo un
antiguo mercado.
Por la audacia de este legendario hijo de Oporto (o simplemente
Porto si se emplea el idioma portugués) que permitió el descubrimento de las rutas
marinas hacia Africa, Asia y América a partir de 1450, y la privilegiada posición
geográfica, el comercio se desarrolló pronto aquí y con él las exportaciones del vino
que da fama mundial a esta región.
Entre los ríos Duero y Miño desde 1097 se había creado un condado
independiente con el nombre de Portucale: el primer núcleo del futuro Portugal.
Ya en el siglo XIX, el movimiento comercial de Oporto se concentraba
en torno al río Duero y en 1834 se decidió la construcción de la aduana (alfandega)
finalizada 33 años después. El vetusto edificio de granito desde donde salieron por
mucho tiempo las exportaciones del famoso Oporto, remozado completamente, será por estos
días el centro de los trabajos de la VIII Cumbre Iberoamericana.
La cita, que tendrá su colofón el próximo día 18, convierte
ahora a la segunda ciudad de Portugal, también en motivo de esperanza por el momento en
que se desarrolla y la posibilidad que brinda para forjar la unidad iberoamericana.
El entorno de la plaza dedicada a Enrique I, muy próxima al lugar
de la Cumbre, en un significativo simbolismo trae a la mente el tema central para el que
se convoca en esta ocasión a los mandatarios iberoamericanos: los desafíos de la
globalización y la integración regional.
Y es que cuando se piensa en la interconexión de los altibajos en
las bolsas o en los niveles de comercio actuales en el mundo se vincula al inevitable
avance de la globalización; pero es inevitable pensar también en cómo hay fuerzas
interesadas en presentar tal proceso en su variante neoliberal y sin alternativas.
La ocasión pudiera, por tanto, resultar propicia para hablar de
oportunidades y provechos para la región, pero sobre todo habría que tener en cuenta los
efectos económicos y sociales adversos que está teniendo la globalización neoliberal y
qué se requiere hacer para enfrentarla.
En la llamada Nueva Alfandega, situada en una zona declarada
Patrimonio Mundial por la UNESCO, el oportuno asunto de la VIII Cumbre en medio del
estallido de la crisis económica que amenaza convertirse en global hará de éste un foro
ideal para discutir sobre ello.
Pero si precisamente la globalización hace que ningún problema hoy
sea ajeno para alguien, se requieren también soluciones globales, y sobre todo
solidaridad y unidad.
De la capacidad con que se asuma aquí este principal reto,
dependerá que además de la importancia del Oporto para la urbe cuya historia coincide
con la de Portugal esta trascienda también ahora como la ciudad de la esperanza. |