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Descifrador de danzas y perfumes

Roberto Santos Arencibia, uno de los apicultores más eficientes del país, narra misterios de su complicado oficio


Raisa Pagés

-La reina cuando es mala hay que sustituirla por incompetente. Yo me doy cuenta enseguida. Usualmente sirven dos años, pero a veces su reinado concluye antes -asegura Roberto Santos Arencibia, un campesino cienfueguero sin ascendencia aristócrata quien ha destronado, en sus 64 años de vida, a miles de monarcas.

Cada 20 días castra las colmenas para recoger la miel.

Las abejas son insectos sociales que viven en grandes colonias y cada una está encabezada por una reina. Se calcula que esa madre de la colmena dirige la actividad de hasta 100 000 abejas obreras y varios centenares de zánganos.

Conocedor de su oficio desde la adolescencia aprendió el complejo mundo de las abejas por tradición familiar. Ha perdido la cuenta de las picadas, pero mal no le han hecho. Al contrario, atribuye su salud y capacidad de trabajo a la sustancia venenosa (apitoxina), con propiedades terapéuticas.

-Lo que más me dolió de los daños del ciclón Lili no fueron las cajas destrozadas de las colmenas, ni lo intransitable de los caminos, ni las mermas en la recogida de miel, sino el daño en la floración. Para mí lo esencial del desarrollo de la apicultura no son solamente los productos valiosos que proporciona al hombre. Eso es lo más visible e inmediato. Pero lo que no siempre se reconoce es su importante función en la vida vegetal, son agentes de la polinización -insiste Roberto, quien durante muchos años consecutivos ha sido el mejor apicultor del país en la emulación de la ANAP.

Cuando aún el sol no ha despuntado en la zona del Consejo Popular de Caonao, él sale con su único hijo varón de 22 años y otros jóvenes interesados en conocer el oficio, en un tractor, preparado con todos los medios de trabajo. Sus colmenas (460), están ubicadas en los municipios de Cienfuegos, Cumanayagua y Palmira.

La Varroasis, una enfermedad que entró por el occidente del país hace más de un año y está bajo control hasta el centro del territorio nacional, ha originado dañinas consecuencias en la apicultura.

Roberto conoce de sus efectos cuando observa que las abejas abandonan las colmenas infestadas. El, como el resto de los apicultores perjudicados en diversos grados por esta enfermedad, aplica productos importados, de alto costo, suministrados por la empresa apícola nacional.

Paciencia, mucha paciencia, es la recomendación de este apicultor. "No se puede andar con apuros. La colmena se debe registrar de abajo hacia arriba. La cámara de cría siempre la mantengo en buenas condiciones. Pero la tarea más compleja es que no pasen hambre, reforzándolas con jarabe azucarado cuando lo necesitan".

 En el último quinquenio este campesino produjo más de 30 toneladas anuales, con un promedio de 400 colmenas. En igual etapa y perio-dicidad entregó 40 kilogramos de propóleos y más de 600 de cera.

El pasado año las adversidades del tiempo y las consecuencias del ciclón mermaron sus indicadores de eficiencia, al igual que el resto de los apicultores, situados en las zonas más devastadas por ese fenómeno climático.

No obstante, obtuvo 60 kilogramos por colmena, rendimiento que no considera notable, dado su alto ranking. Así y todo ocupó el segundo lugar nacional, sólo aventajado por un productor santiaguero.

Si el famoso poeta romano Virgilio fue apicultor y existen pruebas de pinturas rupestres de que los hombres primitivos andaban a la caza de miel, hoy día esos valiosos insectos son adorados por agrónomos, horticultores y todos los amantes de la naturaleza.

Con una percepción de las sustancias odoríferas superior al olfato del hombre y un sentido del tiempo que las clasifica como relojes alados, tal parece que esas delicadas cualidades de las abejas se trasmiten a los apicultores, si no que lo digan los que conocen a Roberto.

Con ademanes de todo un caballero, este campesino habla sin prisas, indicándonos flores y arbustos, aspirando olores. Investigaciones de expertos, indican que las abejas emiten un perfume particular para comunicarse entre sí. También danzan en diferentes formas, lanzando así códigos al resto de la colonia.

Tal parece que Roberto ha descifrado su extraño lenguaje.


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