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Confesiones de un pelotero profesional
OSCAR SANCHEZ
Este es un cubano común, amante del deporte, la música bailable, apegado a los cultos afrocubanos... pelotero y de los buenos. Uno que jugó profesional en los diamantes mexicanos, nicaragüenses, canadienses y norteamericanos, quien repasa sus vivencias.
Luis Zayas destacaba por su velocidad en las bases, clasificando como uno de los corredores más rápidos de la pelota cubana. Además, en el jardín central era un buen fildeador.
"Tenía 3,6 segundos de home a primera. Y en México logré tres títulos de robos de base".
-¿Por qué a la pelota mexicana?
-Primero jugué aquí. En 1955 con el Habana, en 1959 con Cienfuegos y en 1960 regresé al Habana. ¿Porqué me fui?. En aquel tiempo o eras pelotero, boxeador o político. A mi me encantaba y me encanta la pelota... y la política no me gustaba nada, sobre todo porque aquella estaba muy lejos de mí, un negrito huérfano de madre, nacido en Lawton, no en Miramar, y para colmo hijo de un negro albañil.
-¿Entonces fuiste a buscar dinero?
-Sí, pero hubiera preferido menos sacrificios...
-¿Cuáles?
-No separarme de mi familia, de mis hermanos; quería superarme, pero tuve que dejar los estudios muy temprano para ayudar al viejo. Los primarios los hice en la escuela 105, donde estudiaba Camilo Cienfuegos. Eran tiempos muy distintos, tú no sabes lo que había que sudar y hasta sufrir aquí para ganarse una peseta.
--¿Te volverías a ir por un contrato millonario?
-No es igual, ya no tengo 20 años. En 1961, jugando en México, a Luis Tiant y a mí nos dieron esa posibilidad con los Indios del Cleveland. Dijeron que teníamos que vivir fuera de Cuba para poder hacer el equipo. Tiant contestó: yo me quedo en México, y Luis Zayas: yo regreso a Cuba.
-¿Y si tuvieras 20 años...?
-Fuera como Omar Linares o Teófilo Stevenson. Conozco el monstruo, y por lo que veo en la televisión creo que no ha cambiado mucho. Estuve cinco años en Estados Unidos, en clase A, B y C. Recuerdo que jugábamos muy cerca de Little Rock, donde ahorcaban a los negros; viajaba en la parte trasera de la guagua, no podía hacerlo delante; comía en las cocinas...
-¿Y si con el dinero de la pelota se pudieran comprar medicinas o aliviar..?
-Hago lo que sea necesario por mi país, hasta vestirme de pelotero y salir al terreno con 60 años, pero en esa materia el INDER procura cuidar a sus deportistas. No estamos viviendo como hace 40 años. Fue muy duro cuando me enteré, en un terreno de pelota de Estados Unidos, de lo de Girón. Decían: están acabando con Cuba. Y yo me preguntaba, ¡qué hago yo aquí! Entonces en México supe de la victoria y... aquí estoy.
--Pero recientemente fuiste contratado en el exterior
-En ayuda técnica, representando a mi país. Y fue muy bonito regresar a México, pero más bello es estar hablando contigo ahora, o reencontrarnos muchos de nosotros hace unos días en el Latinoamericano, porque yo no soy el único profesional que decidió regresar. Ahí está el "Chico" Morilla, Conrado Marrero, Juan Delís, y muchos más.
-¿Cómo le iría a un equipo cubano frente a profesionales?
-Es difícil ganarle, pero está probado que tenemos calidad, el pelotero cubano siempre ha tenido calidad, el de cualquier época. La prueba es que lo siguen persiguiendo por todos los lados, aunque creo que no es solo el nivel su objetivo de hoy. Más bien tratan de perjudicarnos y lamentablemente algunos han caído en el jueguito ese. Antes de la Revolución el pelotero nuestro iba hacia ese béisbol. Ahora lo que hacen es seducirlo como a un menor. Y no creo que nos quedaríamos sin medallas en unos Juegos Olímpicos con profesionales, un conjunto nuestro bien preparado es incalculable. Además, el deportista cubano tiene algo dentro un poco difícil de describir, pero que es muy grande...
-¿Se parecen las series nacionales al béisbol que jugabas?
-Esta se parece un poco más. Hace unos años se perdió el amor al terreno, a los colores que se defendían y eso termina en una cosa: en falta de respeto al público. Hoy es muy bueno ver a un Omar Linares, seriamente lastimado; o al torpedero Montalvo, de Camagüey; al santiaguero Benavides, echando el resto sin importarle sus lesiones. O los lanzadores pidiendo la pelota con solo dos días de descanso, o como el muchachito que hace unos días salió del box llorando. Esos son los que valen millones y los que el público quiere ver.
Este es Luis, todavía ayudando al béisbol cubano, el mismo que en sus últimos años de profesional -con el dinero que ganaba-, comenzó a traer algunos medios para el inicio de las series nacionales.