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Vocación de enfermera
Alberto Núñez Betancourt
Saber que en la sala de Nefrología del Hospital Pediátrico de Centro Habana, un grupo de niños la espera cada mañana es la motivación primera que tiene la enfermera Bárbara Viñet Morales para levantarse a las 4 a.m. y partir desde el distante reparto de Naroca, en las afueras de la capital.
Bárbara junto a Andresito, Yusleimi y Sandri, pacientes de años a quienes considera también sus hijos.
Toda una vida profesional consagrada a la atención de pequeños aquejados de insuficiencia renal crónica y aguda, síndromes nefróticos, sepsis urinarias y otras afecciones afines, lleva esta enfermera que inició su carrera hace 29 años, cuando tenía 17 y combinaba con responsabilidad las diversiones de joven y sus deberes de trabajadora.
-Siempre he trabajado con infantes; reconozco que es una labor compleja, porque cuando son muy chicos no expresan con claridad el dolor y, lógicamente, se muestran intranquilos ante diversas maniobras, pero le trasmiten a uno, como ningún otro ser, mucho vigor y deseos de vivir. Aun afectados de la salud llenan de imaginación cualquier sitio que habiten.
Nos convertimos en familia, nosotros, ellos y sus acompañantes; aquí convivimos años, sobre todo si la patología es insuficiencia renal crónica terminal, cuyo tratamiento se dirige al trasplante de riñón, pero antes se requiere de procesos de diálisis y hemodiálisis.
Con una palabra define Bárbara el trabajo del equipo médico: sensibilidad. Todo el empeño se centra en posibilitar a los pequeños una vida normal. Entre muchas limitaciones, estos solo pueden ingerir pocas onzas de agua, leche u otro líquido. Con el trasplante la salud mejora ostensiblemente.
Durante el último decenio este hospital, Centro Nacional de Referencia de Nefrología Pediátrica, ha realizado 51 trasplantes de riñón a pacientes de diferentes provincias del país. Bárbara, al frente de los servicios de Nefrología entre las enfermeras, ha tratado a cada uno de estos muchachos devueltos a la vida. Por ello no es extraño que reciba la visita de alguien, ya adulto, que años atrás recibió el cariño y los buenos servicios de sus manos.
-Percibo como los pacientes y familiares me quieren. Conmueve los esfuerzos que ellos hacen para mostrar su agradecimiento por la atención. Hace unos meses decidieron organizar mi cumpleaños. Ese día salí del hospital muy emocionada y con los ánimos renovados.
Algo que alegra sobremanera a Bárbara es la estabilidad lograda en el personal de enfermería relacionado con este servicio y la capacidad demostrada por estas profesionales frente a pacientes difíciles, por lo cruento de las terapias y la extensa hospitalización.
Ella, en particular, no ha dejado de superarse. Sin abandonar el quehacer de la sala -muchas veces termina de noche-, ni de impartir docencia a las estudiantes de la especialidad, se graduó hace 10 años de Licenciada en Enfermería. También de manera sistemática presenta en eventos nacionales e internacionales trabajos científicos relacionados con la Nefrología pediátrica. Todo ello explica que ha sido seleccionada consecutivamente cinco veces vanguardia provincial y dos a nivel Nacional (1996 y 1997).
En este sentido se siente premiada, en primer lugar por su madre, esposo e hijas que con comprensión sin par han entendido la urgencia de un doble turno o unas vacaciones postergadas.
-De ningún modo me siento cansada. Cierto es que la especialidad exige una abnegación tremenda y tiene aparejados sinsabores como la pérdida de una vida joven después de mucho batallar. Desde temprano definí mi vocación y hoy, tres décadas después, ratifico que la Enfermería es mi profesión de siempre.