CULTURALES

Vaselina, un estreno en el Mella

¿El aceite de la vida o el de un engranaje teatral?


Texto y foto: Jorge Ignacio Pérez

Como era de esperar -por el género en particular y por la promoción realizada a esta obra-, Vaselina atrajo mucho público en su estreno este último fin de semana, en el Teatro Mella.
Hacía falta un montaje de teatro musical en grande, donde se pudiera apreciar el trabajo de coreografía en conjunto, en un escenario amplio, abierto en ancho y profundidad que trastocara el hábito de ver teatro de pequeño formato hoy día, y téngase en cuenta que esta tendencia reduccionista del espacio escénico tiene su justificación, primeramente, en lo deficitario que se hacen todo tipo de recursos materiales en estos años corrientes.

En el montaje de Vaselina se respetó la imagen de una época, la de los años 50.
José Milián, al frente de Pequeño Teatro de La Habana, ha desafiado, incluso, su propia línea de trabajo más reciente al meterse en las honduras de realización propias de un montaje como este, no solo porque Grease (su título original) se haya convertido en una referencia ineludible de la escena mundial, tanto por el filme norteamericano como porque este título se mantiene en la cartelera de Broadway, sino además tratándose de una obra-escuela en cuanto a sus exigencias para el canto, el baile y la actuación.
(Recientemente subió al propio escenario Mella El burgués gentilhombre, en versión del francés Jerome Savary, una puesta que si bien se valió en buena medida de la música, esta no ocupaba una línea narrativa del argumento como estrictamente indica el término de teatro musical y cumple la puesta de Vaselina).
De manera que Milián se ajustó al término y conformó un espectáculo típico del teatro musical, a la vez austero en lo que a recursos escenográficos se refiere. El peso de una obra como Grease no está en el argumento -bastante trivial, por cierto- sino en la lucidez de la danza y el canto y de la actuación en sentido general.
Si tenemos en cuenta que el guión aquí no deja de ser efectivo para una comedia de enredos, que se ha trabajado con legitimidad la proyección juvenil de los personajes y el aliento de una época marcada por el estilo del rock and roll, ¿dónde radica entonces el desliz de esta puesta?
En cuanto a la confección del elenco poco satisface al espectador la interpretación de Estherlierd Marcos en el papel de Sandy, demasiado falseado el personaje, aun cuando requería algo de esto. Por otro lado, algunas coreografías se bailan aún con cierta torpeza y hay desbalance entre el desempeño de los equipos masculino y femenino, pues el primero parece más "redondo" en sus desplazamientos y desempeño histriónico también. El ritmo, en sucesivas funciones, debe ir ganando en dinamismo, y el equipo completo en cohesión. El diseño de luces, sin duda, ambienta agradablemente el escenario al igual que la banda sonora, aunque por un problema operativo in situ no quedaron bien resueltos los diferentes planos de sonido y en ocasiones se dejaron de escuchar algunos textos.
Vaselina, al margen de lo dicho arriba, tiene un indiscutible mérito que es el de rescatar un género poco tocado en la escena cubana de los últimos años. Otro distintivo es el de presentar jóvenes prácticamente nuevos en esta lid, a los que bien valdría la pena perfilar. La obra continúa en el Mella todo el mes de febrero y es de esperar que el pulimento le llegue.


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