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Se quedan los Talleres Literarios

Jorge Ignacio Pérez

No caben dudas de que el gran rasgo distintivo de un taller literario es la socialización del escritor, de ese hombre cuyo oficio de encontrar palabras lo convierte, a veces, en un artista solitario.

Pero sucede que cuando el tallerista deja de ser el llamado "escritor en ciernes" porque él mismo lo descubre, o porque los demás se lo dicen, entonces da el salto hacia la profesionalidad y abandona su corrillo habitual de confrontación.

La reflexión viene al caso después de concluido el XXI Encuentro y Debate Nacional de Talleres Literarios, que sesionó estos últimos días en Cienfuegos. Algunos se cuestionan la permanencia de los talleres en tanto proceso de decantación y concursos en los niveles municipales; provinciales y nacionales, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de recursos materiales necesarios para organizar el máximo encuentro anual.

Ciertamente, no son pocos los talleristas para reunir y, con ellos, los jurados. La XXI edición se vio obligada a recortar los géneros en competencia por lo que este año no concursaron autores de décimas, poesías y cuentos para niños, como también se simplificaron en una sola comisión de trabajo las de teatro dramático y para niños. Participaron, no obstante, los géneros de Cuento, Poesía, Testimonio, Crítica y Teatro para niños y adultos.

Con todos los recortes necesarios, el Centro Nacional de Cultura Comunitaria pudo auspiciar el encuentro entre escritores de toda la Isla.

Este año una de las comisiones más reveladoras fue la de teatro, por la excelente factura de muchas de las obras y por otras que se remontaron a líneas algo olvidadas como el sainete y el teatro musical. Al decir de Rosa Ileana Boudet, crítica teatral que fungió como jurado, "se trata de un hecho interesante en medio de nuestra tradición teatral. Ahora casi nadie escribe estos géneros. Los jóvenes, desgraciadamente, no se han preocupado por trabajarlos".

Fueron jornadas, además de cómodas para el ejercicio del criterio, multiplicadoras de la acción creativa. Porque resulta bien interesante escuchar a un narrador como Eduardo Heras León desmontando un cuento, al tiempo que lo ubicaba, referencialmente, dentro del conocimiento universal de las técnicas narrativas contemporáneas.

Teniendo en cuenta que la literatura funciona como uno de los registros más idóneos para la conservación de la memoria -no faltaron en este encuentro versos y prosas marcados por la vehemencia juvenil-, el director del Centro Nacional de Cultura Comunitaria, el poeta Waldo Leyva, se pronunció también por la permanencia de este sistema cuyos encuentros nacionales, en lo adelante, tendrán frecuencia bienal.

PREMIOS DE LA XXI EDICION

Cuento: Un café en el París de entonces, Nelton Pérez, Isla de la Juventud. Poesía: La tierra prometida, Ernesto Martín Rivero, Villa Clara. Teatro para niños: Fouetté, Josefa Cosme, Cienfuegos. Teatro para adultos: Rita, Julio Gilberto Villaverde, Ciudad de La Habana. Crítica: El terror del ángel, Yoan Sánchez Rodríguez, Pinar del Río, y Testimonio quedó desierto.

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