INTERNACIONALES

La CIA y Cuba

Documentos y revelaciones

Seis meses después de la fracasada invasión de Girón, que tuvo lugar en abril de 1961, el entonces inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, presentó un informe sobre el hecho que permaneció en el más estricto secreto durante 37 años hasta que fue dado a conocer recientemente


NICANOR LEON COTAYO

HACE POCO fueron conocidos documentos elaborados por la CIA donde, entre otras cosas, esa agencia norteamericana de espionaje explica cómo desde 1959 empezó a utilizar personas de origen cubano para encubrir sus propósitos de aplastar la Revolución.

El informe fue revelado en Washington el 22 de febrero último por el Archivo Nacional de Seguridad, un organismo especializado en publicar documentos gubernamentales ya desclasificados, como este que redactó Lyman Kirkpatrick sobre un período que se extiende hasta la frustrada invasión de Playa Girón.

El inicio de la historia de ese proyecto bélico, de acuerdo al texto elaborado por Kirkpatrick, se remonta al mes de agosto de 1959, cuando la CIA sugiere al presidente de entonces, Dwight Eisenhower, crear una capacidad paramilitar con vistas a utilizarla en situaciones de crisis iberoamericanas.

Un mes después la Agencia solicita datos a toda la comunidad de Inteligencia, pero con énfasis especial sobre Cuba, mientras que en diciembre ya existe un plan de preparar "exiliados cubanos como instructores paramilitares", con vistas a que adiestraran a otros de la misma nacionalidad "para ser infiltrados clandestinamente en Cuba para proveer liderazgo a los disidentes anticastristas".

También, según lo revelado, la CIA llevó a cabo "un estudio de los líderes cubanos de la oposición a fin de prepararlos para la formación de un frente político unido, servir como instrumento de cobertura para las operaciones clandestinas y como punto de unión para los cubanos anticastristas", a la vez que sus hombres recorrieron el Caribe en busca de un lugar apropiado para montar una potente estación de radio enfilada hacia Cuba.

En marzo de 1960 la Agencia anunció al presidente Eisenhower, que estaba en estrecho contacto con tres "importantes y respetables" grupos cubanos anticastristas cuyos representantes junto con otros formarían un consejo unificado de oposición.

Asimismo daba a conocer al mandatario estadounidense que ya respaldaban programas de radio desde Miami, que un grupo de acción controlada distribuía propaganda fuera de Cuba y que "conferencistas anti-Castro estaban siendo enviados en unas giras latinoamericanas".

El día 17 de aquel mismo mes, puntualiza el documento redactado por Lyman Kirkpatrick, el Presidente de Estados Unidos aprobó el documento de la CIA titulado A Program of Covert Action Against the Castro Regime (Un programa de acción encubierta contra el régimen de Castro), y así autorizó a la Agencia a ejecutar el siguiente esquema:

a) Formación de una organización de exiliados cubanos para atraer adeptos cubanos, dirigir actividades de oposición y proveer cobertura para las operaciones de la Agencia.

b) Una ofensiva de propaganda a nombre de la oposición.

c) Creación dentro de Cuba de un aparato clandestino para recoger inteligencia y actuar, responsable ante la dirección de la organización del exilio.

d) Desarrollo, fuera de Cuba, de una pequeña fuerza paramilitar para ser introducida en Cuba para organizar, adiestrar y dirigir los grupos de resistencia.

El informe dice que el presupuesto estimado entonces por la CIA con vistas a esas actividades fue de 4 millones 400 mil dólares, divididos en 950 mil para la acción política, un millón 700 mil con destino a la propaganda, un millón 500 mil dedicados a la fuerza paramilitar y 250 mil para la recolección de inteligencia.

Según lo revelado, en abril de 1960 el Director de la Central de Inteligencia norteamericana dijo en una reunión que él trasladaría su personal de "cualquier lugar del mundo" si lo necesitaban en función del proyecto en marcha.

En mayo de 1960 tuvieron lugar dos significativos hechos. Por un lado surgió el denominado Bender Group, supuesta agrupación de hombres de negocios estadounidenses que sería utilizada por la CIA para impartir sus directivas a grupos de origen cubano, y por otro salió a flote un denominado Frente Revolucionario Democrático, que auspiciado por la Agencia proclamaba representar a varias facciones del exilio y luchar por la libertad de Cuba.

No obstante, como señala el documento, "pronto se desarrollaron luchas por el poder" en el seno del Frente antes mencionado.

Paralelamente se intensificó la propaganda contra la Revolución por toda América Latina, en tanto que una estación de radio que montaron en la Isla Swan, fue completada y comenzó a transmitir señales de prueba el 17 de mayo.

Cuando 25 años más tarde el presidente Ronald Reagan hizo suya una empresa similar, que cínicamente denominaron Radio Martí, el destacado senador demócrata Claiborne Pell escribió un artículo en el periódico Los Angeles Times donde afirmó que ese propósito le recordaba Radio Swan, a principios de la década del 60 "estación patrocinada por la CIA, caracterizada por la transmisión de una ardiente propaganda contra Cuba".

Lo dado a conocer recientemente indica que el proyecto que desembocaría en la invasión de Girón convirtió a Miami en su fuente principal de información, agentes, políticos y personas de origen cubano que enrolarían, al tiempo que allí tuvo la "cooperación completa" de las oficinas locales del FBI, la Patrulla de Fronteras, Inmigración, Guardacostas, Comisión Federal de Comunicaciones, Aduana, Marina y funcionarios de la policía.

De acuerdo a las revelaciones conocidas el 22 de febrero pasado, la selección de los reclutas paramilitares comenzó en Miami en abril de 1960 y el adiestramiento en Panamá dos meses después, y mientras transcurría el tiempo se adquirían otros sitios para actividades del proyecto, en Estados Unidos y otros países.

El texto del informe añade que en esos días una declaración formulada por un Attaché Naval de origen cubano desertor apuntó que entre los exiliados cubanos de Miami se sabía que "había demasiados estadounidenses sueltos por la zona repartiendo dinero".

Además indica que el titulado Frente Revolucionario Democrático pidió a la CIA un presupuesto de 500 mil dólares mensuales para hacer frente a sus gastos, sin incluir los referidos a actividades paramilitares. Pero la Agencia les contestó que les darían 131 mil y únicamente si se ubicaban donde les indicara.

En julio de 1960 en línea con el programa trazado empezaron a entrenar a personas de origen cubano como pilotos y se iniciaron negociaciones con el Departamento de Defensa de Estados Unidos para adquirir aviones AD-5 y con la Marina el suministro de 75 instructores y personal de mantenimiento.

Asimismo se advertía sobre la necesidad de apoyar y guiar a los grupos disidentes en tres zonas de la Isla: Pinar del Río, el Escambray y la Sierra Maestra. "Estos grupos serán organizados para acción concertada de guerrilla contra el régimen".

Según escribió Lyman Kirkpatrick, "podemos afirmar confiadamente que la Agencia no tenía pruebas de sus servicios de Inteligencia de que los cubanos en un número significativo pudieran o fueran a unirse a los invasores".

En septiembre de 1960, subraya el testimonio, el concepto de ataque empezó a ser el dominante con la asignación al proyecto -como jefe de su personal paramilitar- de un coronel perteneciente a los Infantes de Marina con experiencia en operaciones anfibias.

De acuerdo a ese mismo reporte en la fecha del ataque que tuvo lugar en abril de 1961 la Sección de Contrainteligencia ya contaba con 39 personas de origen cubano cuidadosamente seleccionadas y destinadas a integrar el "futuro Servicio Cubano de Inteligencia", y "también había cien cubanos selectos adiestrados como futuros funcionarios de contrainteligencia y para el gobierno civil".

O sea, como dicen sus papeles secretos ahora sacados a la luz pública, la CIA a principios de la década del 60 ya se dispuso a organizar el futuro aparato de Seguridad de la Isla, e incluso a formar a los componentes de su gobierno, bajo el supuesto de que la Revolución sería derrotada, algo parecido a lo que años después, con otras palabras, sería plasmado en el texto de la ley Helms-Burton.

Este documento desclasificado, referido a los dos años que antecedieron a la invasión por Playa Girón, y del que solo he abordado algunas partes, merece, entre las muchas que se pudiesen hacer, algunas consideraciones.

Corrobora una vez más lo dicho por Cuba en torno a ese acontecimiento. Igual sucedió cuando semanas atrás fueron sacados a la luz informes redactados por especialistas del Pentágono en marzo y abril de 1962, sobre planes enfilados a montar provocaciones que justificaran un ataque militar contra nuestro país. Así se ha visto en numerosas ocasiones a lo largo de años posteriores. Y es que Cuba no miente.

Como prueba otra vez el propio reconocimiento de la CIA, esa agencia de espionaje siempre ha tratado a los anexionistas de origen cubano que le han servido durante casi 40 años, tanto en La Habana como en Miami y otros lugares, como a marioneticas de quinta categoría.

¿Ha cesado este comportamiento hacia quienes en la actualidad sembrados en minúsculas facciones "independientes" le sirven aquí con igual esmero que sus antecesores? No. En el plano de la propaganda los enaltecen, pero en realidad solo les consideran materia prima para la cobertura que necesitan sus intenciones.

El informe dado a conocer es una reiterada demostración en cuanto al hecho de que, ya desde entonces, Miami se convirtió en gran centro de operaciones de la CIA contra Cuba, y que también desde esa época montó un conjunto de supuestas organizaciones, tan aptas para el terrorismo como para erigirse en llamadas defensoras de los derechos humanos, una parte de las cuales queda en pie, con la misión de fustigar permanentemente a Cuba.

Lo desclasificado indica nuevamente que hace más de tres décadas y media la CIA inició el despliegue de una verdadera guerra radial contra la Isla, y que a esta dan continuidad de una forma u otra las aproximadamente 1 500 horas de transmisión que como promedio se han estado emitiendo semanalmente contra nuestro país en tiempos más recientes. Ellas son portadoras de lo que es verdad para la Agencia.

Pero lo más importante es que otra vez se demuestre, a través de documentos irrefutables, que durante muchos años Estados Unidos ha planeado y ejecutado contra Cuba las más variadas modalidades de agresiones.

Vuelve a ponerse de manifiesto que Wa-shington en lo que respecta a Cuba y ante los ojos del mundo ha pisoteado las Cartas de la ONU y la OEA y triturado el derecho internacional, con una actitud más propia de la selva que de una convivencia civilizada.

Además de todo eso, los gobernantes norteamericanos se atreven a acusar a Cuba de ser un país sin democracia y donde se violan los derechos humanos, e incluso llegan a plantear que las maquinaciones de la CIA contra la Isla, como por ejemplo las ahora reveladas, han sido hechas en nombre de ambos conceptos.

¿Qué reclaman la decencia y la postura verdaderamente legal y democrática ante el caso de Cuba? Exigir, antes que todo, el fin de un comportamiento que ya roza los 40 años de existencia, demasiado tiempo como para que las futuras generaciones se pregunten sobre quienes guardaron silencio frente a tantas violaciones de lo teóricamente establecido en el ámbito internacional.

Algunos no solo han guardado silencio, incluso se han prestado a hacer el juego a los supuestos desvelos de Washington por la situación de la democracia y los derechos humanos en nuestro país.

Las revelaciones del 22 de febrero sobre la actividad de la CIA contra Cuba sirven también en el plano interno para demostrar hasta qué punto nuestra nación ha tenido que vivir sometida a una verdadera guerra más o menos silenciosa, y que por lo tanto cualquier análisis sobre lo que hemos hecho, lo que hacemos o dejamos de hacer, no puede estar ajeno a esa realidad.

La CIA desde 1959, como revelan sus propios documentos, organizó grupos con rostro cubano para moverse detrás de esa fachada. A fines de la década del 90 esa actuación solo ha variado un tanto en sus formas. Esta es, a mi juicio, una de las experiencias más importantes que se desprenden de las notas que en su momento redactó para esa agencia de espionaje el entonces inspector general Lyman Kirkpatrick.


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