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El premio de las estrellas
Miguel Hernández
El hecho pareció diluirse entre la sucesión de acontecimientos pero fue el más trascendente. Pregúntenles, si no, a los peloteritos cargados en hombros por las estrellas de nuestro béisbol. O a los otros centenares de niños que en el estadio o en las cuadras de la ciudad avileña, pudieron conseguir una palmada de sus ídolos. Nunca olvido una mañana de domingo en los años 60, siendo niño, cuando llegaron al barrio jugadores de la Serie Nacional para darles vida a nuestros "planes de la calle". Alfredo Street se llamaba uno de ellos. Me acuerdo porque le di la mano. Por eso estoy casi seguro que estos nuevos niños, más de mil domingos después, nunca olvidarán la tarde en que fueron abrazados por Kindelán, Pacheco, Javier, Ibar... Los muchachos son tan agradecidos que siempre debiéramos garantizarles una medalla o un diploma, por rústicos que sean, cada vez que compitan aunque se trate de la competencia más irrelevante, aunque no se adviertan grandes campeones del futuro, tan sólo chicos con ganas de jugar. Cuestión de estímulos. Ojalá la escena de este domingo sea una "forma de hacer" cotidiana para que en cada torneo de cualquier disciplina, para que en los próximos Juegos Escolares, nuestras estrellas del pasado y el presente, continúen premiando hombres, premiando niños.