CULTURALES

Cosme Proenza

Después del tiempo


Toni Piñera

Dando los toques finales a la obra San Cristóbal de La Habana, su más reciente pieza -realizada antes de partir a la Feria de Arte Arco 98 en España, donde fue uno de los representantes cubanos-, Cosme Proenza (Holguín 1948), hizo una tregua para reflexionar. "No soy surrealista. Me he dedicado durante años a estudiar la historia del arte y ahora juego con ella, con tonos y ambientes".

El artista en su estudio holguinero dando los toques finales a la pieza San Cristóbal de La Habana.

Cosme Proenza desanda las épocas con el pincel, y traduce a la realidad (Telas y cartulinas), sus sueños, a través de pinturas mágico-oníricas, donde el tiempo es protagonista de las historias. Una reciente muestra de su obra en la galería La Acacia (La Habana Vieja) titulada Memoria, permitió al espectador cruzar el ancho espacio que lo separa de aquella edad en que el hombre era aún desconocedor de la plenitud y real dimensión del planeta o hallaba excusas en el firmamento, más allá del océano y de los montes, para poblarlo con extrañas criaturas.

Una iconografía expresiva emerge de sus pinturas, en las que asoman impulsos pictóricos muy cercanos a fuentes bíblicas y ecologistas. Imágenes, muchas de ellas, quizá vividas en sus lecturas, que más tarde se convierten en visiones plásticas. "En una época no muy lejana influyó en mí la literatura. Y aunque salí del proyecto postmodernista, El péndulo de Facault, de Umberto Eco, movió resortes del misterio del tiempo en mi mundo interior".

Todo eso unido al yoga le abrió campos de elasticidad de pensamiento "y me ha permitido dormir tranquilo, trabajar en mi ciudad (Holguín) y salir de allí a París sin angustias territoriales. Y cuando llego a La Habana estoy ansioso por regresar siempre a mi lugar, donde tengo mucha tranquilidad para pintar".

Con un oficio depurado, el creador -graduado de la ENA (1973), y de Pintura Monumental y Pedagogía Artística en el Instituto Superior de Kiev (1985)- capta a la perfección la naturaleza (vida) a su alrededor, a partir de un trazo perfecto y tonalidades llegadas del óleo, el acrílico y transparencias donde anidan interesantes soluciones. Ajustado en el color (con toques de luz y claroscuros), encuentra en este un elemento definidor de su trabajo en el que configuran espacios, creando el clima preciso que envuelve a sus seres.

¿El color es de otro tiempo? "Mi pintura es romántica y nostálgica. Hay un poco de esa intención en los tonos de mis obras. Es otra dimensión, no se ve lo real, y aunque hay objetos reconocibles, en realidad es la dimensión del pensamiento, esa que como ser humano uno no puede ver".

Del tiempo, lo que más le interesa es la poesía, ese lirismo de las cosas antiguas y la relación de objetos viejos con las personas. "Pintar es algo característico de una época determinada, y así lo reflejo en las piezas. Eso no implica que sin temor alguno tome de tiempos pasados como lo veo interiormente".

Cosme Proenza no sufre tampoco angustias de "ser original y trascender, quedar en la historia del arte. Disfruto lo que hago, y no me incluyo en ninguna tendencia, por ello no dejo de ser contemporáneo. Habrá quien pueda decodificar en mi obra muchas cosas, y otros disfrutar el hecho estéticamente..."


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