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Zafra en La Habana
La lluvia ¿prolongará su cerco?
El territorio ha perdido el 22 por ciento del tiempo por esa causa. Centrales que hace varios días que no muelen. Influye la humedad en el bajo rendimiento en azúcar
Juan Varela Pérez
El asunto no es buscar un culpable para "justificar" las reiteradas bajas moliendas de La Habana y la altura de su tiempo perdido.
Pero lo cierto es -sin ser la única causa- que la lluvia ha tendido un cerco sobre la provincia desde el inicio de la zafra.
Resulta en extremo difícil, por mucho esfuerzo y llamamientos que se hagan, normalizar la producción azucarera y los valores de la eficiencia, si cada tres o cuatro días -tras un alentador oreo- los cañaverales en cosecha o programados se mojan y a veces profundamente y de lado a lado.
Si ya escampó ¿por qué entonces el central sigue parado? La pregunta se reitera por parte de quienes no conocen en detalle o no han vivido la influencia de la relación campo-ingenio o corte-molienda.
El voluntarismo y las buenas intenciones tienen vida limitada en un proceso complejo y duro como este con sus almacenes de materia prima a cielo abierto y a kilómetros de distancia de la fábrica, a merced de caminos y vías férreas cuyas condiciones, nada favorables, se agravan con la lluvia.
Ninguna otra zona del país registra en el período noviembre-febrero tal grado de precipitaciones con tendencia al récord en no pocos centrales. Los habaneros, según informaciones, han perdido más del 13 por ciento del tiempo por roturas industriales e interrupciones operativas. Algunos de sus ingenios afrontaron dificultades, las cuales obligaron a la búsqueda de rápidas soluciones y a reforzar las áreas en conflicto.
No podemos afirmar que la parte fabril respondía plenamente. Pero a ese inconveniente había que sumarle las lluvias, reiteradas y con fuerza, que ocasionan el 22,20 por ciento del tiempo perdido total.
El exceso de humedad, que limita el accionar de los abastecedores, incrementa los niveles de materias extrañas -en especial tierra-, impide que los plantíos en corte alcancen su estado óptimo de madurez y los caminos se agravan.
Todo ello se refleja en la eficiencia y, muy directamente, en el rendimiento en azúcar base 96, al extremo que La Habana tiene hoy un real muy inferior que el plan.
Los dos centrales mayores del territorio apenas han podido trabajar: Camilo Cienfuegos y el Héctor Molina. Este último, un consistente cumplidor, tiene más del 70 por ciento de sus plantaciones en zonas sumamente bajas del sur habanero, donde desde mediados de diciembre llueve sobre lo mojado.
Este lunes, por ejemplo, amanecieron paralizados los 12 centrales que están en zafra en el territorio, algunos de ellos inactivos desde el lunes de la semana anterior y otros con reiteradas altas y bajas en la molienda.
Pasado el mediodía reiniciaban labores el Amistad con los Pueblos, Manuel Fajardo, Habana Libre, Pablo Noriega y Boris Luis Santa Coloma. Su estabilidad depende del comportamiento del clima en las próximas horas y que el drenaje que se aplica -con todas las variantes- responda y desagüe los campos.
Creo inteligentes la decisión y el espíritu que observé en los habaneros de no desesperarse y evitar chapucerías, las cuales lejos de solucionar los atrasos tienden a complicar más la situación al tratar de producir en condiciones sumamente adversas.
Las cañas de las zonas altas se van agotando y la historia de lo que significa y cuesta, en materia de economía y futuro, "meter" los equipos pesados en cañaverales donde prevalezca la humedad, es conocida y no recomendable.
Lo fundamental hoy es crear los mecanismos organizativos que posibiliten utilizar al máximo las brechas que pueda dar el tiempo y no escudarse tras el manto de la lluvia para justificar indisciplinas tecnológicas e ineficiencias que comprometen aún más la marcha de las operaciones e incrementan los atrasos.
La provincia aprovecha sus capacidades potenciales solo al 53 por ciento y su mejor central es el Pablo Noriega, de Quivicán.