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Emulación y eficiencia
La economía se define y se defiende con el cumplidor
Entregarle esa condición a quien no la merece desvirtúa la emulación y daña la producción
Silvia Martínez
Discutíamos hace algunos días sobre las posibles vías que podrían utilizarse para dignificar al trabajador cumplidor de la emulación, y alguien dijo, que la mejor manera era otorgarle esa condición a quién realmente la merece.
Y es verdad. No es necesario decir cifras, pero si fuéramos a evaluar los resultados de la producción y los servicios por el número de trabajadores seleccionados cumplidores cada año, estaríamos ante una economía floreciente.
Emulación y eficiencia económica son dos conceptos que se interrelacionan. El primero existe para compulsionar al segundo, pero éste último, que es la razón de ser del centro en cuestión, debe estar perfectamente definido y expresarse en los compromisos individuales de cada trabajador y en su suma: las del colectivo. De ello se deriva la sólida relación que debe existir entre la administración y la sección sindical para que emulación y eficiencia puedan conjugarse armónicamente.
Precisamente, ese compromiso individual es la arrancada de la emulación, por tanto precisa de un acercamiento a cada uno de los elementos que conforman el colectivo y determinar qué aporte dará cada quien, siempre a partir del plan general de la entidad y que propicie una entrega cada vez mayor del hombre.
Si importante es concertar compromisos concretos y medibles, la evaluación parcial y al final del año, de manera objetiva y sin paternalismo, es trascendente.
Reconozco que en algunos sectores y puestos de trabajo donde no existen indicadores cuantitativos, la evaluación del trabajador cae en el terreno de la apreciación del jefe. De ahí, y es válido también para los casos en que sea perfectamente medible, es vital que quienes dirigen colectivos redoblen su profesionalidad y sean tan justos que no quede margen a la duda.
Cumplidor es quien cumple, y valga la redundancia, con su contenido de trabajo. Con frecuencia erróneamente a esta categoría se asocian otras tareas sindicales, tales como pago de la cuota sindical, del Día de la Patria, trabajo voluntario, participación en las actividades y otras, todas ellas muy importantes, pero que no pueden formar parte de los compromisos de emulación, aunque sí deben ser tenidas en cuenta en el análisis integral que se haga para seleccionar a los Mejores y Destacados, los que por supuesto, deberán tener resultados productivos relevantes o por encima de la media.
En los importantes ajustes que hace la CTC para poner la emulación en sintonía con la producción, el Cumplidor es la base y este amerita tanto reconocimiento, y sobre todo rigor en su selección, como al Vanguardia que elige el Sindicato Nacional.
Hasta ahora en algunos lugares y sectores la emulación a todos los niveles se centraba en la selección de Vanguardias Nacionales, conducta que distorsionaba su objetivo vinculado a la economía. Vanguardias son unos 19 000 trabajadores, pero los cumplidores superan los dos millones, luego es lógica la conveniencia de hacer resaltar la labor de estos últimos, pero con un rigor superior.
¿Qué estímulo puede tener aquel que cumple realmente si el que labora a su lado no lo hace en igual medida y al final de la jornada ambos quedan en la misma categoría? ¿Qué incentivará a aquel que tiene un plan apretado, con rigor, que necesita esforzarse para vencerlo, mientras el vecino está la mayor parte del tiempo ocioso y al final ambos perciben igual salario y quedan en el mismo peldaño de la emulación? Por absurdo que parezca, esas cosas ocurren y son las que en esencia desvirtúan la emulación por irresponsabilidad administrativa y sindical.
¿Puede considerarse cumplidor en determinado período evaluativo aquel que no trabajó por falta de materias primas o por interrupciones laborales de otra índole? Es obvio que no. Como tampoco lo puede ser aquel que se ausentó de su puesto por diferentes causas, incluida enfermedad. Si se enfermó, no trabajó y entonces qué se le va a evaluar. La tendencia, fatal por demás, está en que como el individuo no es responsable de que esas cosas ocurran, no tiene por qué dejar de ser cumplidor. ¿Y quien ha dicho que no ser cumplidor es un mérito que se regala o una sanción? Ese es un reconocimiento al esfuerzo productivo, a la dedicación y como tal no todos lo merecen.
Esa confrontación individual y colectiva es todo un sistema que de violarse los preceptos que lo conforman deterioran sus objetivos y aparecen el descontento, las insatisfacciones y el poco estímulo a emular. Ella parte del compromiso individual y se sustenta en la evaluación sistemática y justa. Es en el centro laboral donde germina y sólo podrá crecer lozana si se cuida con esmero. Emulación no es el chequeo bien sonado, ni el otorgamiento de un trofeo o una casa en la playa; es la suma de voluntades individuales puestas de acuerdo desde el principio del año a favor del colectivo y de la economía y tiene como principal protagonista al cumplidor.