MARTA ROJAS

Cada 24 horas, los reconcentrados apenas
recibían un mendrugo de pan.
"En Artemisa hay una calle que se llama Reconcentración,
hace unas horas me lo recordaría Mario Lazo, artemiseño,
combatiente del Moncada quien en una de sus obras
testimoniales habla de los efectos de la reconcentración en
ese municipio. El libro de Raúl Izquierdo Canosa (La
Reconcentración 1896-1897, que será lanzado hoy en la 8va.
Feria internacional del Libro), lo incluye en su
biblio-grafía cuando se refiere a los estragos de aquel
hecho en Cuba y en particular en las provincias occidentales
como castigo por el triunfo de las fuerzas mambisas al mando
del Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales que burló
-navegando en un bote- la famosa trocha de Mariel a Majana y
trajo la bandera de la independencia, del separatismo, de
Oriente a Occidente donde el pueblo se sumó a la lucha.
Para Miró Argenter, ayudante de Maceo y cronista de la
invasión insurrecta la reconcentración en todo sitio y en
especial en Vueltabajo rebasa la idea que puedan dar las
enormes cifras de defunciones: "El calvario de los
reconcentrados excede en horror a cuanto pudiera decirse: fue
el más estudiado de los martirios públicos, el más
persistente y cruel de los azotes, aplicado por el despotismo
de una autoridad que quiso obtener la triste gloria de
exterminar la población cubana".
Los asolados campesinos pinareños encontraron alivio en el
socorro que generosamente y en medio de terribles
dificultades les ofreció Maceo. El historiador José Luciano
Franco lo dice en su obra Antonio Maceo, apuntes para una
historia de su vida, libro publicado por la Editorial
Ciencias Sociales en 1976. Aquel desfile de despojos humanos
causó una profunda impresión entre los mambises invasores y
les insufló aún más fuerza en el espíritu y en el brazo
para derrotar al enemigo.
Ilustran las estadísticas volcadas por Izquierdo Canosa
tales circunstancias patéticas en Pinar del Río donde, por
ejemplo, en 1895 fallecieron 2 878 personas y en 1897 en el
primer año de la reconcentración de Weyler fueron 15 454
los fallecidos. En 1896 murieron 8 638 personas y las
defunciones en 1898 llegaron a 14 196 por los efectos de la
reconcentración con su secuela de epidemia.
En el acopio de información de Izquierdo donde se recoge el
texto de Mario Lazo titulado Artemisa; uno de sus mártires,
publicado por el DOR del Comité Central en 1973, Lazo,
basándose en rigurosos documentos y testimonios estudiados,
dice que: "Desde 1821 hasta el referido 7 de enero de
1896, es decir , en 75 años, fallecieron en Artemisa 3 058
personas. En poco más de dos años (durante la
reconcentración) fallecieron 1 781 personas ¡más!, que en
los 75 años anteriores".
La Habana, por supuesto, no queda fuera de este récord de
muerte por hambre total, sed e insalubridad. Bastarían dos
cifras comparativas: En 1895 fallecieron 7 410 personas, en
1897 fueron 18 123. En 1898 nada menos que 21 235, muertes
tributarias de la reconcentración de Weyler. En el
cementerio de Jaruco hay un modesto monumento que marca el
sitio de una fosa de reconcentrados fallecidos.
Santa Clara, Trinidad, Sagua la Grande, Cienfuegos, Sancti
Spíritus, Camagüey y otras ciudades de Cuba no escaparon al
furor de Weyler. Ni tampoco Oriente. En Santiago de Cuba,
Guantánamo, Manzanillo, Baracoa, Bayamo, Las Tunas, Holguín
hubo miles de muertes por la reconcentración aunque sin duda
siempre en menor escala que en el centro de la isla y
occidente.
El calvario de Guanabacoa, Jaruco, Santa Cruz del Norte
(antes San Antonio de Río Blanco y Jibacoa), Tapaste,
Madruga y Catalina fue de los más grandes.
Por supuesto que este holocausto de la reconcentración
merece un monumento.
Periódicos de la época publicaban caricaturas para
exacerbar el ánimo del ejército y voluntarios españoles.
Algunas de esas caricaturas que se describen en libros o
pueden apreciarse en periódicos o revistas, revelan figuras
que semejan fantasmas agazapados en la maleza y el bosque,
algunas representan la muerte y en ellas aparece casi siempre
un negro amenazante y grotesco que representaba para ellos el
temible mambisado; además de aves de rapiña revoloteando,
insectos, etc. O sea a lo que había que temer era al
"negro mambí" (se renovaba el miedo al negro que
alimentaron ideólogos criollos desde principio de siglo).
Sin embargo, por la composición de la Isla en la época del
genocidio, la mayoría de la población de piel blanca estaba
asentada en el centro de la isla, las provincias occidentales
y en particular en Vueltabajo y objetivamente estos cubanos
fueron los que más sufrieron la reconcentración y la parte
de la población que con mayor celeridad era diezmada por
efecto del genocidio. Las fuerzas reaccionarias sucumbían en
sus propias contradicciones por partida doble pues cuantos
cubanos de occidente pudieron hacerlo, se sumaron a las
fuerzas mambisas.
En España, hubo una voz serena, la de don Francisco Pi y
Margall, intelectual y político que se manifestó contra la
absurda táctica de la reconcentración, como antes lo había
hecho a favor de la separación de la iglesia y del estado en
España; por la enseñanza gratuita obligatoria, y en
particular a favor de la abolición de la esclavitud en Cuba.
Su voz justa fue apagada por los gritos de "¡Viva
Weyler!".
La colosal hazaña de la invasión destrozó todos los planes
de la Metrópoli. La reconcentración, genocidio absoluto y
ecocidio -porque los árboles, sembradíos y otros medios de
sustento en los sitios rurales eran quemados para que el
mambí no hallara nada a su paso-, estimuló aún más la
virtud de la lucha por la independencia. Incluso los
autonomistas -en quienes tardíamente confiaban los
españoles- se descorazonaron, dieron por perdida su
tendencia política.
Le doy la voz a Lola María como punto final:
"Mi pobre credo autonomista corrió la suerte del
brillantísimo partido. Desaparecimos de la escena por
escotillón, deslucidos, absorbidos, sin ni siquiera ser
notados, y sobre todas las cosas y antes que nada, con el
poeta matancero entonces pensé, pienso y pensaré: ¡Hijo de
Cuba soy! A ella me liga /mi destino potente,
incontrastable... /¡Con ella voy! Forzoso es que la siga
/por una senda horrible o agradable /¡Con ella iré mientras
la llore esclava! /Con ella iré cuando la cante libre!"